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Ginebras, el ser y estar de una generación

«Optan por el desparpajo y, en este tercer elepé, por añadirle unas gotas de introspección para dar un paso adelante en su carrera»

 

César Prieto se adentra en el nuevo trabajo de Ginebras, Cuando nada es para tanto. Un disco, el tercero de su carrera, en el que transitan por el hedonismo chispeante, pero también por la reflexión.

 

Texto: CÉSAR PRIETO.
Foto: DE LAS CHUCHES.

 

En mi juventud, los grupos de chicas escaseaban. Podían existir grupos con chica al frente, como Rubi o Los Pegamoides, pero compuestos únicamente por féminas, encontramos a Las Chinas, Las Vulpes y algunas bandas sin disco como Pelvis Turmix o Betty Boop. Por eso, reconforta observar que en nuestros días abunden. Más que eso, alegra que unas chicas formen su banda si les apetece. Ahí tenemos a Las Dianas, Cariño, Lisasinson, Melenas o Ginebras. Cualquiera de ellas tiene canciones de tanta enjundia como La Plata, Cala Vento, Niña Polaca o cualquiera de los grupos de nuevo pop guitarrero.

Ginebras optan por el desparpajo y, en este tercer elepé —Cuando nada es para tanto (Vanana Records, 2026)—, por añadirle unas gotas de introspección, para dar un paso adelante en su carrera. Ahí está “Mi diario”, que sigue siendo guitarrera —aunque no le hace ascos a los sintetizadores—, con estribillo adictivo, chispeante y nuevaolero, pero un tanto reflexiva: ¿por qué la tristeza es más intensa que la alegría?, ¿por qué no disfrutamos de lo momentos gratificantes y divertidos y nos invade con más fuerza la melancolía? Ya en ella se revela el crecimiento personal y musical del grupo.

Y, a partir de aquí, nos asaltan y seducen en media hora. Con los coros magnéticos de “Come aquí”, por ejemplo, que tienen mucho de soul, de grupos de chicas de los sesenta, con unos vientos que en parte son tex-mex y conforman una de las canciones más divertidas de los últimos años con el mismo mensaje que anima a disfrutar del presente.

En “Con las chicas en Berlín” consiguen una perfecta oda a la amistad en la crónica de un viaje que tiene un intermedio tecno que parece forzado, pero es necesario para reflejar el ambiente de club de la capital alemana. El resto, maravillosas guitarras, estribillo ultrapop que va creciendo y coros supervitaminados y mineralizados que se trenzan con ligereza. De este jaez es también “Novio o novia”, con relaciones y energía directas, simplemente pop descarado, bien arreglado, porque pide poco.

Cierra este bloque “Rechazada viva”, que acrisola toda la esencia de guitarras y melodías bubblegum, en un nuevo mensaje —como “Mi diario”— que apura la vida para que nos supure de felicidad y no nos apartemos de ella. Las letras se deslizan un registro informal que les sienta de maravilla. Porque después contamos con un pequeño reducto de intimidad.

“Gigantes” es, como todas, una canción de amor, pero únicamente la lleva adelante una acústica, acogedora, y unas voces que explotan más el sentimiento en su tono. Y, desde luego, la más apartada de la tónica general, es “El bosque”, una canción introspectiva, como una alegoría que se desarrolla en una caminata por el bosque, que es una caminata por la vida, como ese homo viator que lleva con nosotros dos mil años. En él, hay piedras que nos ayudan y piedras que nos hacen daño, son vida. Todo se resuelve en una estupenda canción sentimental con un recitado y sonidos naturales que la cierran y la voz de Sandra, es el único tema donde Magüi no es vocalista, que se vierte al corazón en cada sílaba.

Ginebras buscan nuevos caminos, a pesar de la divergencia que supone “Intervención”, que pierde fuelle, las melodías no son tan chispeantes, la letra se hace confusa de tanto querer ser honda. Intentan ser adultas, cuando lo que se les da bien es ser directas, efectivas. No es una canción insalvable, pero le falta punch.

A pesar de ello, el disco se revela esencial, en el sentido etimológico: revela la esencia. Y la esencia es crecer, explorar la amistad, eliminar prejuicios y asumir la vida sin dramatizarla. Una vida que requiere de reflexión y diversión a la par, lo que parece ser la consigna de toda una generación.