DISCOS
«Enérgico y melódico, con guitarras brillantes y estribillos pegadizos. Clásico, meloso y refrescante, todo sucede en veinticinco minutos y diez canciones»

Beauty
I’d do almost anything for you
STRANGE VIEW, 2026
Texto: CÉSAR PRIETO.
A veces el impacto emocional te asalta con un grupo que no conocías, como a los 15 años. Es el mejor estímulo a esos 15, a los 30, a los 50 y más allá. Me pasó cuando, por un casual, escuché a Beauty, cuyo nombre y cuya portada de este su primer elepé beben del regusto a esa época en la que los sesenta hacían frontera con los setenta.
Es su elepé de debut, aunque la trayectoria del grupo se remonta a varios años atrás, a 2018 en la zona de New Jersey, donde fueron publicando singles y haciendo galas enérgicas y ruidosas, a pesar de contar únicamente con tres componentes: guitarra, bajo y batería. Y con ello consiguen un equilibrio evidente entre el rock y las melodías sentimentales, esas que llegan directamente al corazón.
Es un disco, a la vez enérgico y melódico, con guitarras brillantes y estribillos pegadizos. Clásico, meloso y refrescante, todo sucede en veinticinco minutos y diez canciones, y se inicia con diez segundos de delirio de batería en “Alive tonight” y con un fondo de guitarras sólidas y coros dulces y adictivos.
Son eléctricas varias de las canciones del disco. “You always take me” se viste con estupendos riffs, con todo el poder del rock de guitarras americano, cercana a los Raspberries o a la Credence Clearwater Revival. Estos últimos también aparecen en “Let it ring!” o en “Figure it out”, rock medido y con guitarras desbocadas que abren un solo que arrastra toda la electricidad hasta un final de batería inmenso.
Hay más referentes. “Polar bear ice cream” es una animada rodaja de frescura a los Beach Boys. Tan sonriente y con tanta fuerza pop como el vídeo en el que van lamiendo cucuruchos de helado. También es cercana a los Beach Boys “Asleep tonight”. Parece una de sus miniaturas perdidas. “Daisy”, por el contrario, es un homenaje al glam rock, los grupos de chicas de los sesenta y el primer Elvis Costello, todo a la vez.
“Too close” se acrecienta, de nuevo, en el sonido Raspberries, con castañuelas y coros celestiales que emergen de guitarras y de voces que van entrecruzándose. Todo el poderío de setenta años de pop se concentra en ella. Mucho más calmada, acústica y casi folk, sostenida solo con una guitarra, es “Cherry red”, con un especial registro melódico en el estribillo, con un final en el que el crescendo da más empaque a la voz.
Quizá, la joya del disco sea “Acid baby girl”, de impresionante andadura melódica y con unas guitarras que suben al paraíso. Casi tres minutos de pura gloria. Hecho el disco con espíritu artesano, no descubren nada Beauty, no quieren más que componer canciones bonitas, y les salen y las saben llevar al estudio y volverlas estremecedoras.
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Anterior crítica de disco: Soul woman, de Michelle David & The True Tones.

