LIBROS
«Entre las virtudes de la novela, perfectamente acabada y magistral en su ritmo, está su mensaje para las mujeres que se reconozcan»

Lucía Solla Sobral
Comerás flores
Libros del Asteroide, 2026
Texto: CÉSAR PRIETO.
Este es un libro que habla de amor. Del amor de una chiquilla, Marina, que tiene poco más de veinte años. Marina es algo inestable emocionalmente, adora a su familia —sobre todo a su padre, que acaba de fallecer—, pero siente un leve rechazo hacia el domicilio familiar que la ha acogido y sueña con vivir sola o con su amiga Diana.
El aspecto sentimental tampoco está bien cubierto en ella, ha tenido varias relaciones, pero todas se han desvanecido, casi siempre porque se han vaciado poco a poco. No hay problema, su caso no se aparta demasiado del de tantas jovencitas de su edad. Pero la muerte de su padre y estos fracasos dejan en su ánimo una fractura, un alud psicológico que la ha descolocado. Por ello, cuando un desconocido la mira insistentemente desde la terraza de un bar y después se hace el encontradizo en el pequeño pueblo de Beiramar —cabe decir que ella también pasea para buscarlo—, su alma no puede estar más abierta a acoger lo primero que le toque el nervio. Y quien se lo toca es el ya no desconocido Jaime, veinte años mayor que ella. No tardan mucho en dormir juntos.
El mundo que le presenta Jaime es equivalente en nuestros días a lo que fueron Las mil y una noches. Tiene un Bentley, una casa de ensueño en la que llega a despejar una habitación para hacer un vestidor para Marina cuando vivan juntos, le compra los mejores manjares y la lleva a los mejores restaurantes. Con su familia es extremadamente seductor, parece decir y regalar a cada uno lo que lo hace más feliz.
Pero también hay enfados súbitos, que vienen ante cualquier hecho que moleste levemente a Jaime, y que pasa de gritos a destrozar platos o a reventar el móvil de Marina contra el suelo. La presencia de Jaime colma a Marina de todo, pero también es agobiante, espiándola cuando queda con sus amigos o mentiroso cuando quiere ser admirado. Solo Diana se da cuenta y desconfía. «Parece tu padre», le dice a Marina, y aunque el amor de padre es inmenso, no tiene mucho que ver con el de pareja.
Por otra parte, Jaime tiene una hija, Jimena, que va a vivir con ellos. Es una niña consentida y malcriada, capaz de desmaquillarse y maquillarse de nuevo a la hora en que estaba prevista una cita. Tampoco le gusta a Jaime que Marina salga de noche con sus amigos. Cuando lo hace, no deja de mandarle mensajes, mensajes extremadamente románticos. «Te quiero», una y otra vez, cuando querer significa dejar a quien quieres en libertad.
Poco a poco vemos como Marina va languideciendo. Su falta de estima le hace buscar desesperadamente ese cariño que la llene. En lo físico, sufre anemia. Le ofrecen un nuevo trabajo y es entonces cuando Jaime le rompe el móvil. La presencia de Jimena tampoco ayuda mucho.
Surge una nueva oportunidad para acercarse a Jaime —diseñador de atmósferas, es decir, decorador con ínfulas—, cuando preparan él y Marina el Sentidiño Fest de 2018 y un joven de la organización intenta acercarse a Marina. Con el tiempo, ella le dará cancha.
Jaime, que puede pasar días sin hablarle o simplemente irse de casa y no aparecer en tiempo, un día aparece con dos anillos de matrimonio para que escoja uno, o diamantes o zafiros. Desde hace semanas, Marina tiene trastornos alimentarios y, de golpe, decide buscar un piso. La relación de poder ya no la invade y va derivando hacia escenas en que la intensidad es casi agobiante.
Entre las virtudes de la novela, perfectamente acabada y magistral en su ritmo, está su mensaje para las mujeres que se reconozcan: es difícil, pero de ahí se puede salir. Así que, por favor, salid.
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Anterior crítica de libros: El árbol de la vida, de Max Telford.

