LIBROS
«Telford sabe construir la historia de la vida como si fuese una novela, con sus personajes, espacios y tiempos»

Max Telford
El árbol de la vida
GEOPLANETA, 2026
Texto: CÉSAR PRIETO.
Siempre he sentido curiosidad por saber cómo surgió el hálito de la vida, por saber qué pasó cómo unas moléculas simples, bajo una fuente de energía —el mencionado hálito—, empezaron a duplicarse en los fondos oceánicos de hace cuatro mil millones de años, y cómo, poco a poco, fueron cambiando aspecto y propiedades orgánicas hasta llegar a convertirse en este que aquí les escribe y aquellos que por allí me leen.
Max Telford es catedrático en el University College de Londres y lleva tres décadas estudiando los eventos más tempranos en la evolución del reino animal. Una minucia, comparada con la evolución, pero mucho tiempo —en la escala humana— para manejar todo un conjunto de datos con los que montar un texto fascinante.
Telford sabe construir la historia de la vida como si fuese una novela, con sus personajes, espacios y tiempos. Y, como las grandes novelas rusas, o las de Galdós, su árbol genealógico de la vida está lleno de familia, cada una con sus vidas, pero con el convencimiento al que le llevan años de estudio: todos somos familia, y todos procedemos de un tal LUCA.
Es cierto que, en ocasiones, aunque intenta ser didáctico, se cuelan términos y páginas en las que la precisión científica puede ser invasiva para un neófito, pero quédense con las sorpresas que el mundo natural les ofrece. Plantas carnívoras que reciben el nombre de la diosa del amor —el libro debe tener al lado un buscador para observar cada maravilla de la que habla—, peces prehistóricos que se creía extinguidos, LUCA —el antepasado común de todas las especies actuales, que vivió sin oxígeno en aguas extremadamente cálidas—, los primeros animales con simetría bilateral. Todo lo que a una persona con curiosidad le puede resultar fascinante.
Hay más. Animales que viven literalmente del aire, testículos de primates, el maravilloso gusano flecha, épocas en que aparecía una especie nueva cada día o por qué somos el único animal que tiene mentón son indagaciones que satisfarán al lector.
Pero lo que más absorto le tendrá, imagino que igual que a este amanuense, son las ramificaciones que han llegado hasta nosotros. Es un viaje de millones de años que comienza en la fotosíntesis, en el primer animal y en el primer antepasado bilateral. Sigue con la primera espina dorsal, el primer vertebrado y el primer pez al que le empiezan a salir patas. Pasan otros millones de años, y se separa la rama que lleva a los mamíferos. Y empiezan a aparecer oídos y úteros —aunque una rama, aún en nuestros días, pone huevos—, y primates, parientes cercanos de los conejos y los lémures voladores, y las especies de homínidos, que por la falta de un gen perdimos la cola. De golpe, un chimpancé experimenta un cambio más profundo: empieza a construir herramientas.
Un libro fascinante, nuestra historia desconocida, hecha por esa especie que fuimos nosotros y que en un tiempo desplomó su población hasta contar con menos de mil ejemplares de humanos en todo el planeta. De esos mil, venimos todos.
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Anterior crítica de libros: Las matemáticas de la naturaleza, de Carlo Frabetti.

