DISCOS
«En su música se solapan la rumba y el bolero, el flamenco y el blues, el pasodoble y el rock and roll. De Los Panchos a Los Chichos. El amor y el desamor»

Los Buenos Valedores
El gran silencio
AUTOEDITADO, 2026
Texto: CÉSAR PRIETO.
Los componentes de Los Buenos Valedores son de Barcelona, del barrio de Gracia, más bien del bar La Gaviota, donde se reúnen, aunque su querencia son los tríos de guitarra y voz de la canción romántica latinoamericana. Muy buena combinación, como se observa en este segundo disco, El gran silencio, lleno de estilos que no son ajenos a nuestra tradición y que el grupo sabe manejar a la perfección. Ahí están los boleros.
“Los cuervos”, por ejemplo, es un bolero con esas guitarras transparentes de Los Panchos, y también bolero, aunque un tanto más tropical, es “Orquídeas y claveles”, que casi se acerca al merengue, con pasión, con desgarro que se suelta a la manera de Bambino, para llegar a un tumbao final que es pura Fania. También la exaltación del cantaor de Utrera se ve en “El crupier” que, con los elementos mínimos —únicamente una acústica—, se crece hasta el paroxismo.
Otra sección es la de las rumbas. Una rumba lenta es “Ya no creo en el amor”, que se acerca a Los Chunguitos cuando se ponen sentimentales. Y besa también la bachata, el tango flamenco y el wéstern. Los arreglos son justos y necesarios, sin sobrepasar lo que sería una maqueta, pero el espíritu es este, el del maravilloso disco de los extremeños Recuerdo de Enrique, con las maquetas que dejó Enrique Salazar antes de morir.
“Cabeza traicionera” es más de Los Chichos, con toda la potencia de las canciones que componía y cantaba Jero, aunque también tiene dejes de Triana y de Las Grecas. “Culpable”, por último, es más blandita, con arreglos a lo “Volando voy” y dejes de María Jiménez, coros guturales y, de nuevo, Bambino al fondo, reproches sentimentales y guitarras a lo Pata Negra.
Del resto, destaca “El gran silencio”, con cuerdas pulsadas a gran velocidad y una letra que también acoge cadencias sentimentales, estilo directo y registro familiar. Algo latino, que me ha recordado levemente al gran Chicho Sánchez Ferlosio, porque vuelve del revés la vida. “20 dedos” parece devota del cabaret flamenco, incluso de ese género tan escueto y escondido como el neocalorrismo. Con ello, y las alusiones a Instagram, traslada los mundos de los sesenta y los setenta hasta nuestros días. Llena de efectos sonoros, la letra es a la vez remedo, homenaje y pastiche.
La canción que da nombre al grupo es un elogio de la elegancia del pasodoble y del rock and roll, y este baile se eleva al canon en la versión de “Francisco Alegre”. En el siglo XXI, excepción de las orquestas de baile, parecía olvidado todo eso. Pero Los Buenos Valedores lo vuelven a hacer actual y le dan esencia de la música de Nueva Orleans.
En su música se solapan la rumba y el bolero, el flamenco y el blues, el pasodoble y el rock’n’roll. De Los Panchos a Los Chichos. El amor y el desamor. Quizá nos haga entender un poco más el espíritu del grupo, conocer de dónde viene su nombre. Los buenos valedores es una serie de grabados de José Guadalupe Posada, un ilustrador de principios del siglo XX. Representan unas calaveras borrachas celebrando en una cantina. Un valedor, en el español de América, es un amigo, una persona de tu confianza, y eso es lo que son Los Buenos Valedores, alguien que te acompaña en tus sentimientos.
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Anterior crítica de disco: Espacios temporales, de Los Huéspedes Felices.

