DISCOS
«Pop de guitarras lleno de los estilos que han conformado la música popular desde los años sesenta»

Los Huéspedes Felices
Espacios temporales
CLIFFORD RECORDS, 2026
Texto: CÉSAR PRIETO.
Este es un disco que estuvo a punto de no editarse. Hace casi diez años se empezó a grabar, en 2017, y estaba prácticamente terminado para publicarlo a finales de 2018, o principios de 2019. Una primera previsión que se vio abortada por cuestiones ajenas a la música. Bodas, nacimientos, divorcios y una general pandemia se fueron acumulando para retrasar más y más y más la aparición de un disco que fue muy fácil de grabar, pero muy difícil de enseñar, como ocurrió con el Smile, de los Beach Boys, que nunca parecía dar con la tecla.
Pero aquí lo tenemos: Espacios temporales, de Los Huéspedes Felices. ¿Qué quiénes son Los Huéspedes Felices? Pues un grupo de Fene, un pueblo cercano a A Coruña, que en 1996 publicó un epé en la recordada Animal Records y dos años después su primer elepé, Aventuras en Felicia. Después del primero vinieron seis más, el último, Sol de invierno, de 2015, hasta este que le presentamos, sojuzgado por las circunstancias que les hemos presentado.
¿Y cómo es su música? Pues pop de guitarras lleno de los estilos que han conformado la música popular desde los años sesenta. Folk, rock, psicodelia, pop e incluso soul se han combinado en sus discos hasta llegar a este que —con su temática casi conceptual volcada en aventuras galácticas— lleva al esplendor a estas coordenadas.
Se puede comprobar en la canción que abre el disco, “El cielo es lo mismo en cualquier lugar”, con dejes de psicodelia, capas de guitarras y coros. Los punteos se resuelven con agudeza y los solos con pequeños riffs casi hindúes. Todo muy sesentero, eso sí. A partir de aquí, los sonidos se distribuyen Hay guitarras rugosas cercanas a la Creedence, salpicadas de dejes hindúes y de los setenta hispanos en “Los discretos invitados”, y cientos de detalles y arreglos en “Espacios temporales”. Hay sonidos retrogalácticos en “Viajero en el tiempo”, que en la instrumentación se acerca a Los Pekenikes, pero en la voz se acerca a nuestro soul, a Los Canarios. Hay afinidad con los Beach Boys en “El mundo sigue”, con capas que van formando la canción y al cabo se conjugan.
En una ocasión —“El gran ausente”— se acercan, y mucho, a los barceloneses Los Negativos, como una versión adormilada, un tanto más densa, de la melodía de “Pasando el tiempo”. Hipnótica y con capas de sonido —punteos, crescendos, pianos, ecos espectrales—, acaba como una canción de Los Pasos, inconmensurable en su diseño.
El apartado más folk aparece al final, desde “Una estrella”, acústica y llena de armonías vocales, y esos fondos orquestales que les ponían a los cantautores de los setenta, con su poco de experimentación. El final, no podía ser de otra manera, tiene dejes psicodélicos. También folk y con un comienzo de guitarra acústica es “Al amanecer”, instrumental con un leve y acariciante crescendo. Y, por fin, también acústica en sus espíritus, aunque con fondo orquestal, es “Si ayer fuera hoy”. De golpe se vuelve eléctrica, con guitarras rugosas y gritonas, o con serenidad bucólica, o aceleración y solo de batería a lo Led Zeppelin, puesto que es una canción con diversos estadios y que, de nuevo, acaba en psicodelia.
Ahí está, con las dificultades que lo han tenido casi diez años en el limbo, pero ya lleno de vida y energía, con maravillosas canciones y un mundo propio trenzado de guitarras, de electricidad y de sutilidad.
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Anterior crítica de disco: Yatta!, de Yin Yin.

