DISCOS
«Para los que a veces disfrutamos de canciones ingenuas, y tontas, sin mensaje, tan refrescantes como un vaso de agua, estarán siempre a mano en este doble disco con todos los singles que editaron en el periodo que va de 1966 a 1970»

The Monkees
The A’S, The B’S & The Monkees
WARNER, 2026
Texto: CÉSAR PRIETO.
Déjenme que rompa una lanza en favor de The Monkees y del bubblegum en general. Sí, es verdad, es música blandita; pero, ¿en qué canon se santifica oficialmente que el único ambiente posible es el de canciones densas, oscuras, duras u originales? Es cierto que fueron seleccionados en un casting para una comedia televisiva, que los productores los manejaron. ¿Es un pecado que una canción surja del trabajo de producción? Cientos de ellas de los grupos que les gustan lo han hecho. ¿Es industrial? Se espantarían de conocer discos en que lo que parece autentico es un producto.
Además,Michael Nesmith, su guitarrista, compuso una serie de canciones muy solventes del repertorio de la banda y después se convirtió en un reputado artista.
¿Qué solo dos de los cuatro componentes de la banda eran músicos? Bien; pero, de cuántas bandas soy devoto yo que empezaron sin saber tocar y lo que les movía no era el exponer sus habilidades sino la urgencia, la vitalidad, las ganas de sacar lo que llevaban dentro, que es otro llevar dentro diferente al de los músicos de conservatorio.
Sin mencionar que, en sus primeros discos, las canciones salían de manos de compositores adorados por los mismos que defenestraban a los Archies. Carole King, Neil Sedaka, Neil Diamond o Boyce & Hart. Que tuvieran millones de ventas tampoco es una señal de calidad, cuántas canciones que han sido número uno hoy ni se recuerdan. Pero es que a los Monkees sí se les recuerda. La muestra es que en este 2026 se ha publicado este doble disco que recoge los singles que publicaron, con sus caras A y sus caras B.
¿Y cómo son estas canciones? Pues muchas banales, es cierto, no voy a ensalzarlo, pero también muchas excelsas. ¿Quién podría negar que “Daydream believer” es una de las más preciosas del mundo? Ese piano que la abre, la voz quebrada, los violines, la maravillosa melodía. Cuando escuchas “Daydream believer”, el tiempo se para. Pero los Monkees son más que esta canción o “I’m a believer”, con su órgano, o “Last train to Clarksville”, de arquitectura perfecta, como unos Beatles descafeinados. Un aire que también envuelve a “Porpoise song (Theme from ‘Head’)” —también con ambientes sacramentales— o “Tear drop city”.
Los Monkees están perfectamente integrados dentro del ambiente de su época. Mejor dicho, lo están sus canciones. “Valleri” tiene un inicio casi de folclore hispano, para después vestirse de soul. Igual que “Good clean fun” es folk y “Oh my my” es purísima Motown. Y folk también es “Words”, con fondos de película de terror y un deje más dramático, a veces moruno, que lleva a una explosión en el estribillo.
Pero también pisan otros territorios. “Listen to the band” tiene toda la esencia de Bob Dylan, “Pleasant valley sunday” recoge su no poco de psicodelia y “Take a giant step”, acaba también en psicodelia, pero ha comenzado como una tonada country; en tono menor, quizá, pero que podía ser adoptada per Gram Parsons, igual que “(I’m not your) Steppin’ stone”, que con una fase más de potencia podría ser adoptada por la Creedence Clearwater Revival. Incluso “Goin’ down” tiende al jazz en sus vientos.
Cierran su producción con estupendas baladas. Preciosa y evanescente es “It’s nice to be with you” y dulcificada con vientos “A man without a dream”. Como guinda, una verdadera anticipación del glam en “I love you better”.
Sé perfectamente que The Moonkes no saldrán de su ostracismo, de resto de los grupos prefabricados de la época ni hablo; pero para los que a veces disfrutamos de canciones ingenuas, y tontas, sin mensaje, tan refrescantes como un vaso de agua, estarán siempre a mano en este doble disco con todos los singles que editaron en el periodo que va de 1966 a 1970 en el sello Colgems, con nuevas notas del productor Andrew Sandoval. Ahí están, a un metro de mi mano.
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Anterior crítica de disco: Your picture, de The Sha La Das.

