LIBROS
«Relatos pulcros, inquietantes, sin desvelar nada, solo sugiriendo. Todo lo que nos sigue enamorando en su nueva obra»

Cristina Fernández Cubas
Lo que no se ve
TUSQUETS EDITORES, 2025
Texto: CÉSAR PRIETO.
Desde que nos deslumbró con Mi hermana Elba, la narrativa de Cristina Fernández Cubas no ha hecho más que crecer, aunque el cuento que da nombre a la colección de relatos que la estrenó ya era insuperable, como lo eran muchos de sus primeras ficciones. Con el tiempo, libro a libro, el universo de la autora de Arenys de Mar fue creciendo, pero no olvidando sus orígenes. De hecho, en esta nueva colección, están fijados algunos de sus motivos primigenios.
Por ejemplo, “La hermana china”, que aborda la relación entre hermanas bien diferentes, el mundo vegetal o la posesión de un idioma que no deberían conocer los personajes, que más bien los posee a ellos por una magia ancestral. En “Mi hermana Elba”, “Lúnula y Violeta” o “Los altillos de Brumal” trataban ya estos temas por separado. Sin embargo, ninguno de sus relatos parece repetitivo, ni seguir clichés propios, parecen salidos de la imaginación más nueva.
La primera historia, “Tú Joan, yo Bette” también contempla una relación fraternal, en este caso de dos ancianas obsesionadas por la película ¿Qué fue de Baby Jane?, que la ven continuamente e incluso recrean sus escenas. La relación malsana del filme se acrecienta en ellas —con una presencia en la casa que podría provenir de la mente de las hermanas — hasta el final, con la realidad pisando la ficción hasta fundirse con ella. Los temas del doble y de la alienación están presentes en el texto.
Y el de la adolescencia en un espacio escolar aparece en “¿De qué se habla en las fiestas?”. El ambiente se centra en amistades, arrojo amoroso ante profesores, relaciones con los padres, clases aburridas, hasta que todo se concentra en la última escena, desoladora, salpicada de una infinita tristeza. Otro de los recorridos de la autora son esas fiestas, esas reuniones de personas que combinan el latigazo alcohólico con reacciones improbables y segmentos de vacío racional.
“Momomio”, palabra inventada por uno de los personajes como el reducto de su soledad en la lejana niñez —el lenguaje, de nuevo, como destructor del mundo—, abre una puerta para que entren en escena extraños sucesos que no se interpretan bien, o lo hacen describiéndose como sugestión colectiva. Un nuevo escalofrío recorre el final.
Lugares de inestable realidad emergen en “Candela Viva”. Despistada por el calor, la narradora casi sufre un atropello. De repente, ve una tienda nueva, una cerería que, tras cincuenta años en el barrio, nunca había percibido. Hace casi frío en ella, mientras alguna vela está encendida. La dueña, sutilmente, hace que la protagonista haga un recuento de su vida, casi como en un teatro.
El relato que más se aparta del resto es “Il Buco” —agujero en italiano—, que, en primer lugar, huye de la Península para discurrir en tierras italianas. Una pareja se traslada a Milán, la mujer ha ganado un premio que le permite asistir a un desfile de moda. Una visita de él a la catedral parece que los va separando. Poco a poco, van apareciendo unas señales, fortuitas, que pasarían por banales, si no fuera por el inesperado encuentro final que gira su interpretación.
La anterior colección de relatos de Cristina Fernández Cubas se publicó hace diez años, así que este libro es todo un acontecimiento. No necesita la escritora consolidarse, uno diría que está consolidada desde su primer libro. En él había un sutil estudio de las actitudes humanas, de la realidad y la visión que tenemos de ella, con relatos pulcros, inquietantes, sin desvelar nada, solo sugiriendo. Todo lo que nos sigue enamorando en su nueva obra.
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Anterior crítica de libros: Atrapada en la oscuridad, de Toni Sánchez Bernal.

