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«Tenemos más sentido del humor de lo que la gente se imagina»

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José Ignacio Lapido: «El libre pensamiento frente al adocenamiento. Esto sirve para el arte y para la vida»

 

José Ignacio Lapido, Tacho González y Jacinto Ríos charlan con Javier Gilabert sobre el nuevo disco de 091 con el que ponen sonido a este esperado regreso y a este momento de su historia.

 

Texto: JAVIER GILABERT.
Fotos: GUSTAFF CHOOS.

 

Hay regresos que se agotan en la celebración nostálgica y otros que fundan nuevas dinastías. Lo de 091 ha dejado hace tiempo de ser una “maniobra” para convertirse en una magistratura del rock. Diez años después de volver a la vida, los granadinos demuestran que no han vuelto para ser un eco de sí mismos, sino para seguir escribiendo la historia en presente.

Con Espejismo nº 9 (Universal, 2026), la banda firma un trabajo que tanto la crítica como sus seguidores han recibido como un acontecimiento: un cambio de rasante sonoro donde la urgencia eléctrica deja paso a la atmósfera y el detalle. Bajo la producción de Raúl Bernal, los Cero han cincelado un álbum que huye del artificio para buscar la esencia, logrando algo que pudiera parecer un oxímoron: que un espejismo suene más sólido, nítido y real que nunca.

Javier Gilabert habla con José Ignacio Lapido, Tacho González y Jacinto Ríos sobre este nuevo paso en su accidentada y brillante cronología. Aquí no hay cartón piedra, solo canciones que, como sostiene Tacho, son «inevitables como el destino».

 

Empecemos por la aritmética y la memoria. Hace casi tres décadas bajasteis el telón con Espejismo número 8. Ahora regresáis con el Número 9. ¿Este título es un guiño cabalístico, una broma privada o una declaración de intenciones para dejar claro que esto no va de nostalgia, sino de estricta continuidad? ¿Qué habéis querido expresar con él?
José Ignacio Lapido: Lo de los títulos es la paranoia final en el proceso de grabación y edición. Te tiras un año escribiendo canciones, ensayándolas, grabándolas, mezclándolas y, al final, llega la pregunta inevitable: «¿Y qué título le ponemos a todo esto?». Por lo general nada nos parece bien, a todo se le encuentran peros. En esta ocasión, Jacinto estuvo al quite y se le ocurrió que, ya que este era el noveno disco de estudio del grupo, podríamos seguir la secuencia que empezó con la canción “Espejismo nº 7”, que iba en El baile de la desesperación, y que luego continuó con la cara B del último single que sacamos antes de separarnos. Además, creo que el hecho de que sigamos grabando material nuevo en 2026 es, en cierta manera, un espejismo absoluto. Tenemos que pellizcarnos para llegar a creérnoslo.
Jacinto Ríos: Las letras de José Ignacio siempre orbitan alrededor de la duda, lo real y lo soñado, lo verdadero y lo imaginado… Las imágenes que evocan pueden ser también espejismos y este disco está lleno de ellos. Es el número 9 por razones obvias, pero también me gusta pensar que recuerda a “Revolution 9”, de The Beatles.

Continuando con los cambios, el primer elepé de estudio tras la Maniobra de resurrección salió con Warner. Ahora, Universal es quien apuesta por este Espejismo. La primera etapa de 091 ya estuvo marcada por un peregrinaje de sellos. ¿Todo cambia para que todo siga igual o sentís que la industria os trata de distinto modo ahora?
José Ignacio Lapido: Tenemos discos en todas las compañías habidas y por haber. Al igual que Warner era la propietaria del catálogo de DRO, donde editamos nuestros primeros singles, Universal es la propietaria del de Polygram, con quienes sacamos Tormentas imaginarias en el 93. Así que tanto con La otra vida como con este Espejismo nº 9 hemos vuelto un poco a donde estuvimos una vez. La intención primigenia con estas canciones era sacarlas nosotros mismos, no sé si con mi sello —Pentatonia— o de qué manera, pero en mitad del proceso se cruzó en nuestro camino Universal. Luis Fernández, el presidente de Universal Music Spain, se interesó y valoramos positivamente la propuesta. Es bueno tener un gran equipo de profesionales detrás que confían en ti. Y aquí estamos.
Tacho González: A veces tendemos a pensar en una gran compañía como un ente incorpóreo abstracto, pero ahí hay personas currándoselo, a las que les gusta la música y que se involucran en los proyectos. En nuestro caso, hemos notado cómo la gente de Universal está apoyándonos más de lo que se les podría exigir simplemente porque les gustan las canciones. Hay un sobreesfuerzo desinteresado y se lo agradecemos.

Entrando en materia: este disco suena diferente. Raúl Bernal ha tomado los mandos de la producción y habla de un trabajo de «microscopio». ¿Qué os ha costado más en este proceso: escribir, grabar, elegir… o esa disciplina de la sustracción, de saber renunciar a arreglos para que la canción respire?
José Ignacio Lapido: Aunque todas las grabaciones son difíciles, por el mero hecho de que estás creando algo nuevo y toda creación tiene algo de lucha, la de este disco ha sido muy placentera y tranquila. No recuerdo que haya habido ningún problema técnico reseñable ni artístico. Con Raúl trabajamos muy a gusto, es como uno más del grupo. Además de productor, en el disco toca piano acústico, eléctrico y Hammond. Participa de nuestros gustos musicales y nos conoce a la perfección. Es compañero y amigo desde hace muchos años, así que, por ahí, todo perfecto. Realmente no hemos sacado muchas más canciones de las que aparecen en el disco. Hemos ido a tiro fijo y, modestamente, creo que hemos acertado.
Tacho González: Que la grabación haya sido tranquila no significa que no hubiera tensión. El acto mismo de crear exige tensión, tensión creativa. No hay arte sin sufrimiento. Lo que no ha habido es elementos ajenos que distorsionen y entorpezcan ese proceso.

 

Jacinto Ríos: «En los discos de 091 siempre ha habido rabia y algún tema para tumbarse en el suelo a escuchar crecer la hierba»

 

Se nota una intención clara de «menos es más», de huir del «sota, caballo y rey». ¿En qué momento concreto del estudio o del local de ensayo supisteis que este disco no iba a ser un “La otra vida, parte II”, sino otra cosa, quizá más arriesgada?
José Ignacio Lapido: Ese tipo de epifanías no suelen ser muy habituales. Se va viendo el material que va saliendo y cómo va sonando en los primeros ensayos. En esta ocasión, hemos grabado por tandas. Teníamos dos canciones y las grabábamos. Teníamos otras tres y volvíamos al estudio. Eso nos ha dado pie para ver con cierta perspectiva lo que teníamos entre manos. Y desde la primera sesión vimos que había material de primera.
Tacho González: Nos dimos cuenta ya en el estudio. Hubo un momento en que empezamos a tocar la primera canción y Carlos Díaz gritó desde la cabina de la mesa algo así como: «¡Tíos, esto suena de la hostia!».
Jacinto Ríos: Creo que desde el principio hemos ido sorprendiéndonos a nosotros mismos. Conforme José Ignacio iba trayendo canciones al ensayo y las íbamos arreglando y grabando, veíamos que iba a ser difícil elegir los singles porque todas eran temazos.

Se habla mucho y bien de la interpretación de José Antonio García en este álbum, de una gravedad y un poso inéditos. Hay quien afirma que aquí no canta, sino que interpreta. ¿Ha sido una grabación amable o le ha exigido llevar la voz a lugares donde no había transitado antes?
Tacho González: La voz de José Antonio ha ganado con el tiempo en matices arenosos y graves. Yo le digo medio en broma que se le ha puesto la voz de “Rancapino”, quien como su nombre indica, es un cantaor con un vozarrón tremendo.

Y al hilo de esto, José Ignacio, tú escribes las líneas, pero es José Antonio quien las habita. ¿Sentís que ahora, con la madurez, se os escucha de manera distinta, que el público presta atención a los matices aunque vosotros seáis, en esencia, los mismos?
José Ignacio Lapido: Querer adivinar lo que el público piensa o siente al escuchar una canción es tarea complicada. Ahora, con las redes, tenemos más información sobre esto porque la gente opina y te puedes hacer una idea. Antes sólo sabías lo que la gente pensaba de determinada canción si aplaudían en los conciertos o no. Nuestro trabajo consiste en hacer canciones que en primer lugar nos conmuevan a nosotros y que esa sensación se transmita al mayor número de oyentes posible.

Hablemos de las letras. «No hay mejor refugio que la duda», afirmáis en ”No tiene sentido escapar». En estos tiempos de certezas absolutas y opiniones a gritos en redes sociales, ¿la duda es vuestra gasolina para seguir creando o un freno de mano?
José Ignacio Lapido: Tampoco somos tan cartesianos como para dudar de todo lo que hacemos. Tenemos algunas certezas. Los años de oficio nos ayudan a intuir rápidamente cuándo una canción tiene hechuras para estar en el repertorio de los Cero, que no es cualquier cosa. Yo, como autor, sé también cuándo una melodía incipiente o unas palabras hiladas pueden llegar a convertirse en una canción. La duda es conveniente para enfrentarse al mundo exterior, ese conglomerado de eslóganes publicitarios, argumentarios políticos de saldo y opiniones al servicio del pagador de turno. En definitiva: el libre pensamiento frente al adocenamiento. Esto sirve para el arte y para la vida.

El imaginario «lapidiano» sigue ahí: el farero, el bufón, el gigante… arquetipos que ya son familia. Pero de repente aparecen Elvis o Stalin. ¿Cómo se renueva el pasaporte de esos personajes clásicos para que convivan con los nuevos sin que parezca un pastiche?
José Ignacio Lapido: Lo de Elvis y Stalin es cierto. Es un episodio que aparece en la biografía de Elvis escrita por Peter Guralnick. Lo único que cambié fue la localización: no iba camino de Memphis, sino que volvía de Las Vegas en su autocaravana acompañado de sus colegas. Lo de Santa Teresa también es verídico. Soy lector de hagiografías, es decir, de vidas de santos y rockeros [risas].

En “Piezas de desguace” hay un inicio acústico que podría recordar a la “Canción del espantapájaros”, pero luego rompe con un slide eléctrico y un riff muy de los Who. ¿Os divierte jugar con vuestra propia mitología sonora para luego romperla?
José Ignacio Lapido: La introducción se me ocurrió a última hora. Un tosco acercamiento al maestro Tárrega.
Tacho González: No hacemos metalenguaje a propósito en los arreglos. Yo creo que, simplemente, todo el registro musical de una vida está ahí agazapado y surge espontáneamente. Quizá luego nos damos cuenta y decimos: «Ostras, esto es como de los Who», pero siempre a posteriori.

Hay una canción que llama poderosamente la atención por su desnudez: “Ven vestida de nube”. Hay en ella una ternura sin azúcar, casi dolorosa. ¿Cómo se evita el empalago cuando uno se pone íntimo y decide bajar la guardia?
Tacho González: Quien nos conozca personalmente sabe que nosotros somos así. Podemos ser sentimentales en algún momento, pero no sentimentaloides. Simplemente dejamos que salga lo que somos. Es difícil que nos pongamos cursis porque tenemos un sentido del ridículo muy desarrollado. Además, no sé por qué, pero la cursilería es de malas personas. Toda la gente chunga que conozco, cuando se quiere poner sentimental, acaba poniéndose cursi.

 

Tacho González: «Es difícil que nos pongamos cursis porque tenemos un sentido del ridículo muy desarrollado»

 

La habéis definido como una canción «de escucha horizontal». Con la mano en el corazón, ¿nos estamos enterneciendo con la edad o es que la rabia ahora se canaliza de otra forma?
[Risas]
José Ignacio Lapido: ¿Quién ha dicho eso?
Tacho González: No, no y no. Definitivamente, no.
Jacinto Ríos: En los discos de 091 siempre ha habido rabia y algún tema para tumbarse en el suelo a escuchar crecer la hierba.

Con el adelanto de “Antes de que salga el sol”, comentasteis que iba a sorprender y que no era habitual en vuestro repertorio. Sin embargo, el público la ha recibido como un clásico instantáneo, muy «ceroinómana». ¿A qué os referíais con esa extrañeza que quizás nosotros no hemos percibido de la misma manera?
Tacho González: Esta es una canción a la que le dimos muchísimas vueltas. Creo que la razón por la que nos parece diferente es por la atmósfera de las estrofas. Hay una base rítmica con el bombo a negras y el bajo bailando a la vez; luego hay mucho silencio en las guitarras que aparecen con ritmos sincopados, etéreas. Por encima de todo eso está la voz de José Antonio, que está diciendo cosas terribles, pero de una manera dulce, casi íntima. Todo eso crea una atmósfera que nos ha sorprendido.
Jacinto Ríos: Creíamos que iba a sorprender a la gente y los sorprendidos hemos sido nosotros por su acogida [risas]. La forma en que el público va a recibir una canción es siempre una incógnita, pero uno no puede evitar hacer apuestas.

«La sensación de haber vivido más de una vida es real», se escucha en el disco. ¿Cuánto hay ahí de autobiografía emocional de la banda y cuánto de mera verdad poética?
José Ignacio Lapido: En el caso de los Cero es literal. Pasamos a mejor vida en el 96. Como habíamos sido niños malos, pero no tanto, nos quedamos en el purgatorio durante veinte años. Luego volvimos renacidos y purificados en 2016. La gente nos metía el dedo en la llaga para cerciorarse de que estábamos vivos otra vez. Luego llegó la pandemia y nos tocó vivir La otra vida. En cualquier caso, lo cierto es que las canciones permiten jugar con el doble o triple significado. No seré yo el que niegue la intención de determinado verso. Es bueno que las letras sugieran, más que certifiquen. En el último disco que grabamos en el 95, antes de separarnos al año siguiente, había dos canciones que se interpretaron —a posteriori— como un anuncio camuflado de nuestra inminente separación: “Cómo acaban los sueños” y “Es hora de decir adiós”. Lo cierto es que las escribí cuando esa posibilidad no se nos pasaba por la cabeza. De hecho, creíamos que íbamos a hacer un disco cojonudo y que lo íbamos a petar. Hicimos un disco cojonudo, pero no lo petamos. Grandes esperanzas, grandes decepciones.

Miguel Navia ha hecho un trabajo espectacular con el arte del disco, plasmando esas calles que parecen vuestro hábitat natural. ¿Cómo llegáis a su obra y qué conexión encontrasteis entre su trazo urbano, casi de novela negra, y la atmósfera sonora de este nuevo repertorio?
José Ignacio Lapido: Yo conocía la obra de Miguel Navia desde hace tiempo; a él, personalmente, no. Me parecía un dibujante fabuloso. Y tanto su estilo como su imaginería las sentía muy cercanas a mis letras. Ese claroscuro, esas calles, esa gente solitaria que aparece en sus ilustraciones… pensé que sería buena idea proponerle que él se encargara de hacer la portada. Aceptó y creo que ha hecho algo grande, una auténtica obra de arte.
Jacinto Ríos: Cuando Miguel aceptó el encargo le pasamos las canciones y le pedimos que se dejara llevar por ellas para dibujar portada, contraportada e interior. Le dimos total libertad y ha hecho un trabajo espectacular.

Volviendo al sonido: teclados presentes pero discretos, guitarras dobladas, baterías secas… ¿Qué os interesa más hoy como banda: sonar «reconocibles» para el fan de siempre o sonar «inevitables» para quien llegue nuevo?
Tacho González: Es que no hacemos tantas cábalas ni presuposiciones; lo único que intentamos es que las canciones queden vestidas de la mejor manera atendiendo a nuestros gustos. Es así de sencillo. Sí, es verdad que en nuestros gustos y en los de Raúl como productor están todas esas cosas que has dicho. Pero si nos das a elegir entre ser «reconocibles» e «inevitables», suena mucho mejor ser inevitables, como el destino.
Jacinto Ríos: Creo que la intención siempre es huir de lo reconocible en nuestras canciones, pero es inevitable que, aun haciéndolo así, seamos reconocibles. Después de tantos años hay un estilo propio que no se puede ni se debe esconder.

La crítica y el público siempre han puesto en un altar a Doce canciones sin piedad y Tormentas imaginarias. Sin embargo, Espejismo número 9 parece mirarles a los ojos sin pestañear en cuanto a calidad y producción. ¿Es difícil hacerse la competencia a uno mismo cuando el rival es un mito? ¿Es este vuestro elepé mejor producido?
José Ignacio Lapido: Cada disco es hijo de la época en que se ha grabado. Es verdad que las producciones de los ochenta fueron manifiestamente mejorables, las nuestras y las de infinidad de grupos de aquella época. En Doce canciones sin piedad, la producción de Andreas Prittwitz fue bastante respetuosa con la personalidad del grupo en aquel momento y, en el caso de Tormentas imaginarias, creo que Joaquín Torres hizo un gran trabajo. Los repertorios de ambos discos, sin falsas modestias, eran de un nivel muy alto. El tiempo dirá si las canciones de Espejismo nº 9 se pueden comparar a aquellas; yo creo que sí, que son canciones con entidad y reflejan muy bien el estado actual de la banda. Nos sentimos fuertes y animados.
Tacho González: Desde que volvimos en el 2016 sabíamos que nos íbamos a enfrentar a nuestra propia leyenda, que nada de lo que hiciéramos podría superar la fuerza de la nostalgia, que es tremenda. Era nuestro miedo y a la vez nuestro objetivo inconfesable. Creo que el simple hecho de que algunas personas estén preguntándose si este disco es igual o mejor que los anteriores significa que ya lo hemos conseguido. En gran medida porque José Ignacio ha estado sembrado con las letras y las canciones, pero la producción y el resto de detalles han ayudado también.
Jacinto Ríos: Desde que se terminó de grabar el disco llevo diciéndole a todo el mundo que tengo la sensación de que este no es un disco más. Estoy convencido de que será otro clásico de los Cero.

 

José Ignacio Lapido: «Nos sentimos fuertes y animados»

 

Ahora toca llevar toda esta «orfebrería» de estudio al directo. ¿Qué canción de las antiguas os apetece «contaminar» con el nuevo sonido de este disco? ¿Llegaremos a ver temas del repertorio clásico pasados por el filtro de Raúl Bernal?
Tacho González: ¿Cómo se hace eso? No tenemos un modo donde pulsar y que nos haga sonar de una manera o de otra. El directo es inmediato, intuitivo; hay nervios, tensión. Simplemente tocamos como nos sale, que es intentando aportar energía extra a las canciones para que llegue al público. Es como salir y decir: «Esto es lo que somos y esto es lo que sabemos hacer, queremos que os guste».
Jacinto Ríos: Llevamos ya unos cuantos ensayos y te puedo asegurar que las canciones nuevas han encajado a la perfección con los clásicos del repertorio. Y, además, hemos recuperado un par de temas que no habíamos tocado desde el Último Concierto en el 96.

La palabra «espejismo» sugiere una ilusión, pero también el acto de seguir caminando hacia algo. ¿Qué es lo que os hace seguir caminando ahora mismo, cuando ya no tenéis nada que demostrar a nadie?
José Ignacio Lapido: Cuando volvimos al mundo de los vivos nos pusimos a nosotros mismos una condición para continuar en el negocio, y era no entrar en el circuito de la nostalgia. No íbamos a ir por ahí explotando única y exclusivamente el repertorio clásico: teníamos que volver a ser una entidad creativa como banda. Este disco es la prueba de ello.
Tacho González: Muchas de las decisiones que uno toma en la vida no se hacen sobre la base de lo que quieres hacer, sino de lo que no quieres hacer. No queremos estar cruzados de brazos viendo el tiempo pasar. No es mala la vida contemplativa, a lo mejor llega ese momento, pero aún no.

Tenéis fama de grupo serio, sobrio, de «malditismo» elegante. Pero después de tantos años, ¿de qué os reís cuando estáis encerrados grabando? ¿Cuáles son esas manías que ya os toleráis con resignación porque sabéis que no tiene arreglo?
Tacho González: Nos reímos de lo que se ríe todo el mundo: de nuestros propios defectos. Tenemos manías, formas de comportarnos, patrones que repetimos desde hace décadas y que a estas alturas nos parecen risibles. O, al menos, perdonables.
Jacinto Ríos: Tenemos más sentido del humor de lo que la gente se imagina. Somos sobrios, pero hacemos chistes en la intimidad [risas].

Para terminar, y volviendo a ese «número 9». ¿Qué os gustaría intentar en el próximo movimiento que en este disco solo se insinúa? ¿Queda cuerda para llegar al número 10?
Tacho González: Aquí vamos a tirar del cliché futbolístico: hay que ir partido a partido.
Jacinto Ríos: Ahora mismo estamos centrados en presentar y defender este trabajo en directo, más adelante ya se verá.