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Canções do velho mundo, de Teago Oliveira

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DISCOS

«Todo suena cálido, real, convertido en una auténtica delicia. Es un refugio»

 

Teago Oliveira
Canções do velho mundo
MEIA / NLOITE FM, 2026

 

Texto: XAVIER VALIÑO.

 

Hay artistas que parecen caminar con un cuaderno invisible bajo el brazo, anotando silencios, gestos, despedidas. Teago Oliveira, la voz cálida y luminosa del grupo brasileño Maglore, pertenece a esa estirpe de compositores que transforman lo cotidiano en un territorio íntimo. Desde Salvador hasta Londres, desde los bares de barrio hasta los estudios improvisados en apartamentos prestados, su trayectoria siempre ha sido una búsqueda: cómo cantar o, mejor dicho, cómo escuchar el mundo antes de cantarlo.

El segundo álbum en solitario del bahiano nace de esa escucha. No es un álbum nostálgico, aunque mire hacia atrás; tampoco es un manifiesto, aunque dialogue con el presente. Es un mapa emocional trazado con calma, como si Teago hubiera decidido detener el reloj para observar lo que permanece cuando el ruido digital se apaga. Él mismo ha contado en entrevistas, que muchas de estas canciones surgieron en viajes solitarios, escritos en cuadernos que luego se perdían y reaparecían meses después, como si las melodías insistieran en volver.

El disco se abre con “Minha juventude acabou”, una emocionante confesión luminosa que no lamenta el paso del tiempo, sino que lo abraza. La canción avanza como quien revisa fotografías antiguas sin tristeza, apenas con una sonrisa que reconoce lo vivido. Más adelante, “Desencontros, despedidas” despliega un paisaje más amplio: guitarras que se estiran, versos que parecen escritos en la frontera entre la duda y la aceptación. En “Eu nasci pra você”, Teago juega con una ternura nada obvia; hay un pulso suave, casi cinematográfico, que envuelve la melodía como un abrazo imprevisto.

El álbum también abre ventanas hacia otros mundos: “Spaceships”, con su aire de viaje intergaláctico emocional, o “Shashin-ka”, donde la mirada se vuelve imagen, como si cada acorde fuera una fotografía revelándose lentamente. En “Vida de bicho”, la naturaleza aparece como espejo de nuestras contradicciones, mientras “Vou morrer tentando” cierra el recorrido con una mezcla de vulnerabilidad y coraje, un recordatorio de que seguir activo, en la brecha, ya es una forma de victoria.

Todo suena cálido, real, convertido en una auténtica delicia. Canções do velho mundo es un refugio. Sus canciones, más que imponerse, buscan acompañar, todo un gesto de resistencia suave en tiempos acelerados. Un recordatorio de que, incluso cuando el mundo parece girar demasiado rápido, aún existen melodías capaces de sostenernos.

Anterior crítica de disco: Amores de verbena, de Los Vinagres.