
«Este disco tiene mucho de sanador para mí»
Ángel Stanich acaba de publicar el cuarto álbum de estudio de su carrera. Sobre las experiencias que le han llevado a su concepción, lo que pretende con él y los sonidos que lo envuelven, charla con Jagoba Estébanez.
Texto: JAGOBA ESTÉBANEZ.
Fotos: BITZ SANZ.
Llevo semanas inmiscuido en el lisérgico mundo del taciturno Ángel Stanich. El universo de su cuarto elepé me ha absorbido por completo. En él, los sintetizadores e instrumentos se mezclan con quién sabe si un envolvente mundo real o paralelo, pero reconfortante y adictivo como el tomacco, donde el aleteo del colibrí sirve para hacer mayonesa. Un universo en el que tiene cabida desde Lorca hasta Lamine Yamal, Ilia Topuria, el Señor Burns o personajes de Twin peaks.
Por la hierba (Calaverita Records, 2026) es una obra imprescindible para millennials y uno de los elepés con los que más he gozado en años, creciendo exponencialmente tras la sedimentación de atmósferas: reafirmando su estirpe de creador insólito, avanzando errático, electrónico y contemplativo con una sobria luz propia sin que se disipe jamás la misteriosa alquimia que sostiene su cosmos. Una road noir movie que recorre millas a golpe de synth pop y new wave, y que hará mover el esqueleto a muchísimos habitantes de Springfield, Mar-a-Lago, Santa María de Garoña, Legazpi o cualquier otro arrabal.
Encantado de saludarte, Ángel. Lo primero de todo, me gustaría saber cómo te encuentras tras el episodio del cuadro de ansiedad que comunicaste en julio de 2024. Espero que estés mejor.
Igualmente, encantado, Jagoba. Me encuentro mejor, sin presumir, como me gusta decir últimamente… Creo que he activado los mecanismos suficientes (véase terapia, tiempo, pucheros de barro, reflexión, largos paseos…) para volver con garantías. Aun así, ya sabemos que con el “coco” no hay que bajar la guardia nunca.
¿Es Por la hierba, tu cuarto elepé, una terapia de choque?
Sobraría lo de “choque”, porque suena a una velocidad que no va con mis tempos. Ha sido un trabajo más de hormiguita, poco a poco, pista a pista, canción a canción… Y, sí, este disco tiene mucho de sanador para mí, porque he ido soltando algunos lastres aquí y allá, a la vez que recuperaba no solo la ilusión por mi oficio, sino la ilusión en general.
¿Cómo ha sido su planteamiento, gestándose durante cuatro años?
Realmente el disco se fue perpetrando desde verano de 2024 hasta otoño de 2025, por lo que el tiempo de “horneado” (los símiles con un embarazo se me antojan osados, ¡la verdad!) sería más cercano al año y pico. En ese plazo, fui cribando qué canciones de las que iban saliendo me gustaban más, me grababa mis “psicofonías” (así llamo a mis grabaciones caseras con el móvil) con la idea de la canción y varios arreglos, me juntaba con Juan en su estudio (Juan Torán, coproductor en este álbum), e íbamos dando forma una a una a cada idea. La primera (y durante un tiempo, única) fue la homónima “Por la hierba” y, quizá, por eso sirvió también de guía a las demás canciones —mientras señalaba ese «camino verde que va a la ermita»—. Por eso todas se sienten en casa por terreno agreste.
¿Cómo es trabajar con Juan Torán para conseguir tal cohesión entre lo orgánico y lo digital?
Pues muy divertido e instructivo. También ha sido diferente para mí, acostumbrado a grabar discos en un par de semanas, tras un número ingente de ensayos previos con toda la banda. Esta vez, como te decía antes, el proceso ha sido más paulatino, centrándonos en dos o tres canciones (o menos) en cada quedada. Eso nos ha permitido darle un mimo especial a los arreglos, y lograr un resultado final aún más cercano a mi visión (de maldito chiflado). Y eso es gracias a Juan.

«Los milagros suelen suceder en los extrarradios, en los arrabales más pobres o los pueblos más remotos»
¿Cómo se va por la hierba? ¿Qué ocurre si uno no puede enfocar la carretera?
Que se acaba por salir de la misma, y podría ser peor… Podrías ir en dirección contraria. ¡O peor! Podrías no llevar la famosa baliza. Así que, dadas las posibilidades que se presentan cuando ves borroso al volante, salirse por la hierba no es tan mala opción. Al menos, tendrás una oportunidad de reconducir la situación y poderlo contar… Que es lo que estoy yo haciendo. Como dato curioso: no tengo carnet.
A pesar de dárselas de una road movie de desencanto biográfico y social, permíteme decirte que has creado un refugio de bienestar en este disco. Un espectro que transita entre la añoranza y la resignación, pero siempre con media sonrisa y enfoque celestial ¿Es tu «shelter from the storm»?
Pues hay una conexión, no buscada, pero innegable… He escuchado, últimamente más, otros temas del Blood on the tracks, siempre fue de mis discos favoritos de Dylan. Algo habrá, como hay de refugio, de bienestar, como dices, de “El sitio de mi recreo”, de “Avería y redención”, de Nebraska… No invento nada en cuanto al género, solo trato de aportar mi granito de arena, o de hierba… Lo que no veo es mucha resignación. Veo un disco que da testimonio, que escudriña en la pena, la injusticia o la soledad, que se toma un respiro del mundo, pero quiere aprender a vivir. Dadas las circunstancias, a mí me suena más a optimismo razonable.
¿La música se pone chunga, tal y como cantas en la potente synth-pop “Carretera o trueno”?
En la noche de la canción, sí. Mas no quiero ponerme catastrofista, que me cuesta poco…
¿Lamine o Topuria? ¿Por qué?
¿Por qué?
Eso digo yo…
Volviendo a la resignación, me gustaría pararme en la bailable “Poquita fe”. No solo disfruté de la serie, sino que soy gran seguidor de Raúl Cimas. ¿Necesitamos más José Ramones? Porque los milagros pueden ocurrir en el extrarradio, salvando incluso a quien no espera ser salvado.
De hecho, los milagros suelen suceder en los extrarradios, en los arrabales más pobres o los pueblos más remotos. Esas son las predilecciones de la virgen, por lo que sea. Sin duda, José Ramón sí es una persona bastante resignada, absorbida por la rutina, pero de buen fondo y que lucha a su manera. No necesitamos más José Ramones porque ya hay unos cuantos, cada vez más… Entre ellos, me temo que tú y yo.
“Super gris” es triste a la par que pegadiza, además de orbitar intencionadamente (supongo) en el género americana donde transitan Melania, Mar-a-Lago.. ¿es el reflejo del nuevo orden mundial que se avecina?
No hay tanta ambición, seguramente. Simplemente enumero preguntas que a todos (o a casi todos) nos van a llevar a esa onomatopeya tan del disgusto: «aaay». Pero en la estrofa a la que te refieres sí que se dan pistas, desde luego, sobre cómo funciona el cotarro.
Quizá es por eso que en “He ido más allá” reivindiques disfrutar de lo primario. Volver a los orígenes cual ermitaño.
Bueno, nunca está de más aprender a apreciar lo más mundano, o resignificar qué es lo verdaderamente necesario. Ser feliz con menos puede parecer una forma de resignación, pero no lo es si lo eliges.
Pero en “Os traigo amor” (mi pieza predilecta del disco) te follas el botón nuclear y no temes los misiles. Una preciosa oda a Los Simpson y a una experiencia en Nuclenor, la central nuclear de Santa María de Garoña. No puedo dejar de imaginar al señor Burns empapado por ese aura verde saliendo del bosque. ¿Qué hay detrás de esta nana radiactiva, este batiburrillo lisérgico que incluye hasta un barbo de tres ojos?
Aquí, más que disgusto o desencanto, hay una valentía inusitada… Que proviene del subidón de plutonio. Como un chupito de hidromiel, eso te pone a bailar. No es más que un deseo rocambolesco de paz inspirado en una visita escolar a esta central… De camino, tuvimos un pequeño accidente y el autobús acabó postrado de un lado sobre la loma de una montaña. Podría haber volcado del lado en el que solo había precipicio. Así que, una vez más, ¡podría ser peor! Optimismo razonable again.

«Es un disco que se toma un respiro del mundo, pero quiere aprender a vivir. Dadas las circunstancias, a mí me suena más a optimismo razonable»
Autopista hacia el cielo, El coche fantástico, Thelma y Louise, Mad Max, Atrapado por su pasado, Los Simpson, Poquita fe, El club de la lucha, Mulholland drive, la loca de leño (supongo que en referencia al personaje de Twin peaks), Monty Python, François Truffaut, Morgan Freeman, Miyazaki e incluso Veronica Forqué. Todas esas referencias caben en tu nueva obra. ¿Cómo de importante es el cine para ti?
Pues mucho, muchísimo. No sé si es una respuesta muy cinematográfica… Peliculero también soy un rato.
Se percibe a la hora de componer. Consigues crear escenas visualmente muy potentes, como el Nissan Primera por la A-2.
Te agradezco la percepción.
¿Por qué varía el orden de las canciones en función del formato (cedé, digital vinilo)?
Obligado por el generoso minutaje de dos canciones (“Carretera o trueno” y “Solo en la ciudad”), había que colocarlas en una misma cara para que entraran las nueve. Aunque es cierto que el orden en digital y cedé es para mí el más intuitivo, el del vinilo está también muy meditado y me parece muy disfrutable.
Retro-ochentero, synth-pop, new wave, folk, pop… y ahora hasta te has atrevido con una bachata ¿hay algún género al que no puedas enfrentarte?
Al que esté más de moda. Sería una batalla perdida.
¿Cómo se plantea la gira Por la hierba?
Pues de frondoso follaje, ¡la verdad! Ya iniciada y con un montón de fechas (podéis fisgar en nuestra web), y más ganas que nunca por presentar este disco. Sin olvidar los “clásicos” de siempre, quiero darle su lugar a esto que hemos hecho, que para mí ha sido esencial para poder estar aquí, en este punto: de nuevo en la carretera y contestando a tus preguntas… Poca broma.

