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«La música tiene la virtud de engrandecer una película, incluso sobrevivirla»

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«La música es el atajo directo a la emoción. Nos dice cómo sentirnos incluso antes de que sepamos por qué»

 

Hablamos con Fernando Fernández, autor del libro Las 100 mejores bandas sonoras en el que recopila las que más le han marcado como cinéfilo. Con una gran labor explicativa y de documentación, nos acerca a películas cuya música las ha llevado a los puestos más altos.

 

Texto: EFE EME.

 

Las bandas sonoras en el cine forman parte de nuestro ADN. En este libro, donde Fernando Fernández selecciona las cien que más le han influenciado, se recrea en los procesos, los cambios en la industria que repercutieron en la música y anécdotas de los propios compositores, directores y productores. De todo ello hablamos con su autor.

 

¿Cómo fue el proceso de selección?
Madre mía… ¡de lo peor! Fue un proceso tan apasionante como doloroso. Empezó de una manera bastante caótica: listas, más listas, ver qué orden podía tener sentido, recuerdos de adolescencia, redescubrimientos recientes… Al final, me quedé con la idea de una buena amiga: «Escríbela, olvídate y no la vuelvas a mirar». A partir de ahí tuve que imponer cierto orden y buscar un equilibrio entre los temas míticos que tienen que estar y otros, quizá, menos obvios.
No se trataba solo de preguntarme cuáles eran mis bandas sonoras favoritas, sino cuáles sentía que habían aportado algo especial al lenguaje del cine. No buscaba «las mejores» en un sentido académico, sino las más significativas para mí: aquellas que formaron parte de mi diálogo con las películas y que se quedaron conmigo mucho después de que terminaran sus créditos finales.

Tú mismo reconoces que algunas de las películas no forman parte de lo mejor del cine, aunque sus bandas sonoras son destacables y por ello las eliges. Háblanos de ello.
Desde siempre he pensado que la música tiene una virtud maravillosa: puede engrandecer una película e incluso sobrevivirla. Hay muchas películas que no resisten especialmente bien el paso del tiempo, pero cuya banda sonora sigue emocionando, sorprendiendo o influyendo a nuevas generaciones. Más allá de los grandes mitos (que, por supuesto, están en el libro), me parecía honesto reivindicar esos casos. Porque la música de cine va mucho más allá (aunque no siempre) de un mero acompañamiento y, en ocasiones, termina convirtiéndose en el verdadero corazón del proyecto.

El libro se enriquece con la variedad estilística. Bandas sonoras sinfónicas, elementos innovadores y experimentales, grupos musicales a los que se les encarga la música. ¿Cuáles destacarías de cada uno de ellos?
Fíjate, aquí lo clásico es casi lo más sencillo. En lo sinfónico, es imposible no caer rendido ante los grandes maestros que entendieron la orquesta y la música como un personaje más. En lo experimental, lo que siempre me ha fascinado es cómo algunos compositores rompieron reglas y ampliaron el vocabulario musical del cine, a veces con recursos mínimos (porque no los tenían, directamente) y otras con una audacia transgresora brutal. En el caso de los grupos musicales, lo que más me interesa es cuando van más allá de «poner canciones» y son capaces de construir una identidad sonora coherente con la película. Precisamente, una de las ideas del libro es mostrar que no existe una única manera correcta de hacer música para el cine.

Hablas en el libro de la importancia de la comunicación entre los creadores de la música, los productores y los directores. ¿Hasta qué punto crees que es importante la buena sintonía para conseguir un proceso mejor?
Es absolutamente clave, y es algo que muchas veces los aficionados olvidan. Nos guste más o menos su estilo o su desarrollo, una banda sonora existe para acompañar y complementar un proyecto visual. Las grandes bandas sonoras casi siempre nacen de una confianza mutua entre los responsables. Especialmente cuando el director sabe lo que quiere contar y el compositor entiende el universo emocional de la película. Ahí es cuando ocurre la magia. Hay mil historias divertidísimas de lo que sucede entre bambalinas, pero para mí la música no puede imponerse: tiene que surgir. Cuando se impone, pierde parte de ese corazón que une todos los elementos. Y cuando esa comunicación falla, la banda sonora acaba siendo funcional, correcta… pero no memorable.

¿Cuáles son tus tres películas favoritas y tus tres BSO preferidas?
¡Esta es la pregunta trampa! Y la respuesta está, en gran medida, en el propio libro. Cada día y cada momento en que alguien me pregunta algo así, mis películas favoritas cambian. El tiempo, el estado de ánimo o incluso una revisión inesperada hacen que aparezcan títulos que no tenía tan presentes. Es verdad que hay obras a las que siempre regreso, y bandas sonoras que me acompañan desde hace años, junto a otras que he aprendido a amar con el tiempo; especialmente cuando conoces lo que hubo detrás del proyecto: el compositor, los conflictos creativos o incluso las partituras descartadas, como las maravillosas músicas rechazadas de Elmer Bernstein para Gangs of New York, de Scorsese, o La letra escarlata, de Joffé.
En el libro se encuentran muchas de esas respuestas. Y te confieso que elegir solo tres sería profundamente injusto. Eso sí, cuando hay un bonus track como Eduardo Manostijeras, es por algo… (risas).

 

«La evolución de la música en el cine ha ido muy ligada a los cambios culturales, tecnológicos y sociales»

 

¿Has dejado fuera bandas sonoras que te hubiera gustado incluir? ¿Hasta qué punto ha sido difícil descartarlas?
Ya te decía: el proceso es terrible. Muchísimas. Dejar fuera bandas sonoras ha sido, probablemente, lo más difícil del libro. Cada exclusión dolía un poco en el corazoncito. ¡Por favor, que no he incluido ninguna de Bruce Broughton! Como El secreto de la pirámide, o de Roque Baños, como Segunda piel. Pero también creo que ese ejercicio de renuncia es lo que ha permitido dar coherencia al conjunto. Mis recuerdos y emociones han tenido mucho peso. Siempre digo que este libro podría tener una segunda parte… o una tercera: dedicada al wéstern, a compositores europeos, o a las cien mejores bandas sonoras de las que nadie se acuerda.

¿Cómo crees que influye la música de una película en el espectador?
Esta es fácil. Para mí, la música es el atajo directo a la emoción. En muchas ocasiones nos dice cómo sentirnos, incluso antes de que sepamos por qué. Algo que ciertos puristas critican en las grandes partituras melódicas, por esa sensación de manipulación emocional. Pero, lo cierto, es que la música puede generar empatía, tensión, nostalgia o épica en cuestión de segundos. En mi caso, muchas veces recuerdo una escena no solo por lo que veo, sino por lo que escucho. Y cuando eso ocurre, la música ya ha hecho su trabajo.

Como todo, el cine y la música han ido evolucionando a lo largo de las décadas. De todo ello hablas en el libro. ¿Cómo crees que se han dado estas transiciones?
A pesar de lo que suele decirse, creo que esta evolución ha sido mucho más orgánica de lo que a veces se percibe. Ha ido muy ligada a los cambios culturales, tecnológicos y sociales. El cine clásico, la modernidad, la electrónica, la hibridación de estilos… Cada época ha buscado su propio sonido, del mismo modo que ha buscado su propio lenguaje visual. Lo realmente interesante es que hoy conviven todas esas formas: la gran orquesta, la experimentación, lo minimalista, lo popular e incluso ritmos y sonidos inesperados. Y esa convivencia, aunque yo siga prefiriendo el estilo clásico y melódico, me parece uno de los momentos más ricos de la historia de la música de cine.

Por último, analizas al detalle cada uno de los procesos de las cien bandas sonoras elegidas. ¿Crees que hoy en día se le sigue dando importancia a la música? ¿Quizá más? ¿Crees que la IA tendrá su papel en el futuro?
Nadie me va a hacer cambiar de idea: la música sigue siendo fundamental, aunque muchas veces su importancia pase desapercibida para el gran público. El mundo de la producción audiovisual ha cambiado mucho y hoy se le exige a la música que sea eficaz, rápida y adaptable, lo que plantea nuevos retos creativos. A cambio, géneros como la música para series de televisión o videojuegos han ganado un enorme protagonismo, aportando un nivel creativo comparable (y no sé si superior en ocasiones) al de muchas grandes producciones cinematográficas.
En cuanto a la IA, yo soy defensor de su uso. Nos guste o no, el mundo cambia y las herramientas cambian con él. Estoy convencido de que tendrá un papel técnico y de apoyo muy importante, especialmente para responder a la rapidez y la inmediatez que hoy se exige a los compositores. Pero el verdadero valor seguirá estando en el ser humano: en la emoción, la intuición y la capacidad de contar historias a través del sonido. Ahí es donde la música de cine seguirá teniendo alma: en lo que su creador sea capaz de aportar.