LIBROS
«Hay extorsiones, hay políticos, hay su pelín de sexo, chantaje… Hay cadáveres y una trama que se va enredando cada vez más»

Toni Sánchez Bernal
Atrapada en la oscuridad
PLANETA, 2025
Texto: CÉSAR PRIETO.
Suelo abordar las novelas que les reseño con un folio al lado, como supongo que hacen todos los críticos. Si el libro es muy afín a mi mundo, a veces con un folio me llega. En ocasiones utilizo dos, quizá tres. Es raro que use más. Para Atrapada en la oscuridad he utilizado cinco, con letra apretada. Ello deriva de sus casi quinientas páginas, cierto, pero también de que constantemente están sucediendo cosas, en cada página, sin descanso.
Es lo que se llama un thriller, ya saben, decir thriller es decir emoción, misterio y suspense. Se precia este género de tener una primera escena impactante siempre, sin ella no tendría sentido. Y aquí lo es. Una mujer huye por las calles de Madrid, sabe perfectamente que sus perseguidores solo quieren matarla. Treinta años antes, tras un recital de piano de su hermana, quiso huir de su pudiente familia en la misma ciudad. Un cochecito de segunda mano que se había comprado con sus exiguos ahorros y un secuestro. Entre secuestro y huida, treinta años en los que no se supo más de ella.
Ha de actuar la policía, claro está, porque además a esa mujer —la vamos a llamar Cristina Hidalgo— la consiguen asesinar a la puerta de la comisaría en la que la inspectora Tania Bilbao dirige uno de los grupos de homicidios de la UDEV. Justo ese día llega un nuevo inspector, Arturo Yani. Son ellos dos, y su equipo, los que se van a enfrentar a las dificultades —¿en que thriller no las hay?— que surgen en la investigación.
Por supuesto los dos investigadores que se erigen en protagonistas también nadan en problemas: relaciones con la pareja que van hundiéndose, hijos que coquetean con sustancias que no son ni legales ni beneficiosas. Es la norma general del género: hay dos tramas, la externa con delitos que tienen que resolver, y la interna, con situaciones que también han de resolver, pero de carácter familiar.
Y, a partir de aquí, el catálogo se amplía. Hay extorsiones, hay políticos, hay su pelín de sexo, chantaje… Hay cadáveres y una trama que se va enredando cada vez más y que parece centrarse en Tártaro, una prisión privada y secreta donde los poderosos o los que pueden permitírselo encarcelan a aquellos que les han hecho daño, y a los que la justicia ordinaria ha absuelto. ¿Leyenda urbana? Pudiera ser, solo sabemos que en la mitología el Tártaro es una mazmorra en el inframundo, aún más subterránea que el Hades, donde se encerraba a los Titanes.
Las ocho partes de las que consta la novela, más un epílogo, van, como buen thriller, dosificando. Hay personas que no son quienes parecen ser, otras que van apareciendo conforme la novela avanza y una búsqueda final que, como exige el género, se desarrolla a contrarreloj. Para contrapesar, también es típico del género, algunos capítulos desbrozan imágenes del pasado de la familia Hidalgo, o de un asesino de niños.
Una de las virtudes de estas novelas es que todo está ligado, al concluir la última página no ha de quedar ningún cabo suelto, y en la novela de Toni Sánchez Bernal, guionista y director de cortometrajes, así ocurre; en esta, al fin y al cabo, distopía, porque una cárcel creada para que los poderosos tomen sus venganzas sería imposible en nuestro mundo, ¿o quizá sería posible?
–
Anterior crítica de libros: Casa de hojas, de Mark Z. Danielewski.

