DISCOS
«Honra la tradición tuareg sin quedar atrapados en ella, con una producción más expansiva, marcada por texturas electrónicas y efectos de guitarras»

Imarham
Essam
WEDGE/ CITY SLANG – MUSIC AS USUAL, 2026
Texto: XAVIER VALIÑO.
Parece ser que Essam significa “relámpago” en tamashek. Aquí, además de un título de un disco, bien se puede entender como un guiño al motor creativo de Imarhan a la hora de componer su cuarto álbum. Originarios de Tamanrasset (Argelia), llevan casi dos décadas redefiniendo el llamado el blues del desierto desde dentro, sin concesiones ni exotismos prefabricados. El grupo, liderado por Iyad Moussa Ben Abderahmane —conocido como Sadam—, ha logrado consolidar un sonido propio que se distingue por su calidez y una sensibilidad política que nunca se impone, pero siempre late bajo la superficie.
La intención en este caso, según ha revelado la banda, pasaba por honrar la tradición tuareg sin quedar atrapados en ella, con una producción más expansiva, marcada por texturas electrónicas, efectos de guitarras y un pulso rítmico que mirase tanto al pasado nómada como a un presente convulso en el Sahel. Efectivamente, la sensación es la de un paisaje sonoro en movimiento que subraya su componente hipnótico. La percusión, por ejemplo, no actúa solo como sostén rítmico, sino como articulación narrativa: cada golpe palpita como el pulso de la tierra quemada.
El disco se abre con una energía contenida que pronto se transforma en un viaje embrujador. Canciones como “Tin arayth” muestran la habilidad del grupo para entrelazar guitarras cristalinas con coros femeninos de las comunidades alrededor de Tamanrasset y que funcionan como llamadas comunitarias, casi rituales. En “Tellalt”, esa estructura se vuelve más luminosa, con un diálogo vocal que refuerza la idea de resistencia colectiva. Y “Adounia touchal”, compuesto por Eyadou Ag Leche, miembro de Tinariwen —sus padrinos—, introduce un enfoque más introspectivo: el bajo adquiere protagonismo y la voz se desplaza hacia un registro más grave, reforzando la sensación de desgaste y resistencia que atraviesa el álbum.
En este disco, el quinteto aborda cuestiones sociales y políticas sin recurrir a la denuncia explícita. Las letras, aunque sean crípticas para el oyente que no busque una traducción, transmiten preocupación por la inestabilidad regional, la pérdida de referentes comunitarios y la necesidad de preservar la identidad cultural. Esa dimensión se refuerza con un dato bien significativo: buena parte del disco se grabó en el estudio que la banda ha levantado en Tamanrasset, un gesto de autonomía que simboliza su compromiso con la creación, desde el mismo territorio que los vio nacer y los inspira día a día.
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Anterior crítica de disco: Giant fox pineapple tree, de Icecream Hands.

