Skip to content

El susto policial que llevó a los Rolling Stones a convertirse en sus Satánicas Majestades

EL RITMO DE LA SEMANA

«Aquel día quedó para la historia como un paso decisivo en el enfrentamiento entre la cultura juvenil de los sesenta y la vieja guardia británica»

 

En su columna de los lunes, El ritmo de la semana, Sara Morales recuerda aquella redada policial en casa de Keith Richards que sembró un precedente en la lucha cultural de los sesenta y dio inició a la grabación de un disco fundamental.

 

Una sección de SARA MORALES.
Foto: Extraída de la portada de Their Satanic Majesties request.

 

Era una tarde de domingo y estaban tan a gustito, inmersos en el galimatías de aquellos paraísos artificiales que solían frecuentar. Devorando la evasión, en buena compañía y en un lugar tan idílico como la casita (o casaza) de campo de Keith Richards en West Wittering, Sussex, Inglaterra.

De pronto, irrumpió la policía. Se acabó la fiesta. El periódico News of the World había dado un chivatazo a los agentes sobre que, en aquel lugar, y en ese preciso momento, el desfase estaba garantizado. En un aterrizaje más que forzoso, Mick Jagger, Marianne Faithfull —entonces pareja—, el galerista Robert Fraser, por supuesto Keith Richards (el anfitrión) y algunos amigos más, pasaron del éxodo escapista al golpe de realidad más crudo, el mismo que estaban intentando sortear a caballo entre su rock congénito y el trance psicotrópico.

La operación se saldó con las detenciones de los dos Stones —Richards por permitir el consumo de drogas en su casa y Jagger por posesión ilegal de sustancias—, y también de Fraser, que fue acusado de portar heroína. Y aunque fueron condenados a unos meses de prisión, causando un gran revuelo mediático y una gran indignación pública a favor del grupo, al final fueron absueltos y todo quedó en sentencias reducidas a libertad condicional con posibles apelaciones.

Aquella redada, que tuvo lugar una semana como esta —exactamente el 12 de febrero de 1967—, marcó el inicio de una persecución policial y moral contra los Rolling Stones, convirtiéndose en un hito de la contracultura de los sesenta. O, lo que es lo mismo, aquel día quedó para la historia como un paso decisivo en el enfrentamiento entre la cultura juvenil de aquellos años y el conservador establishment británico; entre la nueva y la vieja guardia.

La banda se erigió en símbolo de la rebeldía y, con esas, tan solo dos días después del susto (el 14 de febrero), entraron en los Olympic Sound Studios de Londres para dar vida al gran disco y al gran concepto: Their Satanic Majesties request.

Anterior entrega de “El ritmo de la semana”: Sesenta años de “Historias para no dormir” y del folclore gótico que atrapó a Miguel Ríos.