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«Estas eran nuestras luchas, ganadas con mucha sangre y mucho esfuerzo, no debe apabullarnos un psicópata»

«Las canciones del disco que estoy componiendo quizá sorprendan porque reflejan muchísimo el momento actual que vivimos»

 

Sara Morales charla con Ana Curra sobre su disco de duetos en homenaje a Parálisis Permanente, el reciente concierto con el que lo presentó en directo, los nuevos proyectos en los que anda embarcada y su actual rutina como jubilada, tras años como profesora de piano en el Conservatorio de El Escorial.

 

Texto: SARA MORALES.
Fotos: PABLO ZAMORA (Foto 1 y 3) / ALBERTO GARCÍA-ALIX (Foto 2 y 4).

 

Menudos días intensos estos para ti, Ana, con el lanzamiento de tu disco de homenaje a Parálisis Permanente, el concierto con el que lo presentaste en directo hace unos días… Lo primero, ¿cómo estás?
Sigo desbordada por toda la emoción: por haber visto el disco publicado por fin, por el concierto, por la complejidad de organizar todo a la vez… Pero, sobre todo, sigo con la felicidad de que todo ha salido bien. Yo iba muy al límite por lo de mi padre y por todo el trabajo que ha supuesto este proyecto, pero he podido comprobar que todo el mundo se lo pasó muy bien aquella noche. Todos los colaboradores estuvieron ahí disfrutando muchísimo desde el minuto uno, desde la prueba de sonido, también el ambiente que se creó con todos ellos en los camerinos, muchísimas risas, muchísimo ruido… Y luego, por supuesto, la respuesta del público, que fue abrumadora. No hizo buen día aquel viernes, una de esas tardes desapacibles de frío y lluvia, pero ahí estuvo la gente y valoro su esfuerzo, muchísimo.

Bueno… el Teatro Eslava estaba abarrotado, se venía abajo…
Sí, estaba lleno; y todo eso ha sido muy bonito, porque la sensación que tengo es de que todo el trabajo, todo el esfuerzo, se ha culminado de la forma adecuada. Ver desde ahí arriba, desde el escenario, las caritas de la gente, verlos disfrutar desde el primer momento hasta el último ha sido lo más importante.

Fue, además, un concierto muy dinámico en todos los sentidos. Empezaste con canciones de tu disco Volviendo a las andadas acompañada de tu banda actual, luego invitaste a los músicos que formaron parte de una etapa importante de tu carrera, después comenzaron a desfilar los Apóstoles… ¡No dejaban de pasar cosas en el escenario!
Sí, desde el primer momento fue así porque, además, yo quería contar con la presencia de El Ángel de alguna manera para que también me acompañara esa noche. Y mi forma de hacerlo fue con esa intro, recitando los versos de “La pareja más guapa del foro” que es un poema suyo. Esos cinco minutos en que vosotros escuchabais su texto a través de mi voz, a mí me sirvió para concentrarme, para calmarme… Fue un momento para nosotros, entre bambalinas, justo antes de salir al escenario, que nos vino muy bien, nos sirvió para mucho.

Un arranque sobrecogedor, desde luego. Y a partir de ahí, se desató la locura.
Claro, es que esa noche yo iba a presentar tres cosas distintas: la reedición de Volviendo a las andadas, el nuevo single “Activista de la idiotez” y el proyecto de Ana Curra y los 13 Apóstoles con el disco La última cena de Parálisis Permanente, así que tuve que organizar un set que lo reflejara todo, que recorriera bien toda mi trayectoria. Primero quise darle un sitio a mi banda actual, con las canciones que llevamos en directo estos últimos años aquí y en Latinoamérica: “En esta tarde gris”, “Envuelta en ron”, “Pájaros de mal agüero”… También las novedades: “Aphrodita la monarca”, “Activista de la idiotez”… Y, luego ya, llegamos a la curva de los 13 Apóstoles, que es el momento en que invité a mi banda antigua, que es la que ha tocado este disco y suyo es el sonido sobre el que hemos hecho los duetos. Quería darles también un lugar primordial. Y, ahí, es donde empieza el réquiem de la papisa de los ojos rojos.

Cuándo le propusiste a César Scappa, a José Battaglio, a Rafa Le Doc y a Manolo Uvi que te acompañaran esa noche, ¿cómo reaccionaron?
En realidad fue Rafa el que lo movió todo. Cuando escuchó cómo había quedado el disco con el sonido de aquellos conciertos que dieron conmigo, haciendo de base para estos duetos de ahora, flipó. Ya cuando íbamos publicando los singles de adelanto iba flipando aún más… De ahí que dijera enseguida que quería estar en el concierto. Los demás también se fueron animando. Y fue maravilloso contar con ellos: primero, porque el sonido es suyo y, segundo, porque a la gente siempre le ha gustado mucho esa banda, el público les quiere.

La verdad es que la estampa que dabais es de una solvencia muy arrebatadora y contundente.
Son, sin duda, pesos pesados de la música de nuestro país. Una bandaza, tienen un aplomo tremendo. Nos compenetramos por el oído, ni siquiera nos miramos, estamos todos conectados auditivamente y eso da una imagen muy férrea. La imagen es muy estoica.

 

«Tenemos la obligación de enterarnos de cómo siente la gente joven y de cómo se posicionan en el mundo»

 

Fue una manera muy acertada de conjugar pasado y presente. Un juego en el tiempo maravilloso…
Esa era la clave, aunar a esa gente que pertenecía a los años ochenta con las nuevas generaciones. Poder fusionar nuestra historia con la de estos músicos jóvenes que han recogido el testigo hoy día. Verles relacionándose y hablando en los camerinos, cuando algunos todavía no se conocían entre ellos, ya fue muy especial.

Y en el escenario, Ana, ¿cómo te sentiste con esta nueva hornada de músicos que te han acompañado en el disco y en este concierto?
Fue muy bonito, porque todos ellos se han tomado este proyecto como algo propio y han estado, no solo a la altura de las canciones, sino también muy emocionados de poder interpretarlas. Su entusiasmo, la impronta de la juventud, su dinamismo, la fuerza que tienen, siendo entre ellos totalmente diferentes, ha sido muy emocionante.

¿Cuál es el aprendizaje que te queda de esta experiencia transgeneracional?
En realidad es un aprendizaje que yo ya tenía aprendido, algo que siempre he tenido claro, y es el hecho de que tenemos la obligación de enterarnos de cómo siente la gente joven y de cómo se posicionan en el mundo. Esto lo llevo haciendo desde mi etapa como profesora, gracias a ella he tenido que relacionarme con los jóvenes desde siempre, así que para mí es algo muy natural. No hay nada más vital y más enriquecedor que estar en contacto con ellos y, como buena chupóptera que soy, me apropio de esa energía que tienen y que me contagian.

¿Y qué crees que les has enseñado tú a ellos?
Todos ellos son músicos que, de alguna manera o de otra, han reconocido su influencia y su respeto a nuestro legado, el de Eduardo y el mío, el de Parálisis Permanente. Me suelen decir que soy su madrina, que soy como una madre para ellos… Son las expresiones que más utilizan al referirse a mí. En cualquier caso, habría que preguntárselo a ellos. Yo le que te puedo decir es que les vi absolutamente involucrados y felices de haber participado tanto en el disco, como en el concierto.

El concierto fue un bolazo, sin duda. Pero, ahora, concretando en el disco, se te ve muy satisfecha con el resultado también, ¿verdad?
Totalmente, porque, además de que yo quería aunar las diferentes generaciones en él, también quería conservar que la base del disco la llevase yo y fueran ellos los que reinterpretaran. Y, por ejemplo, en el caso de Camellos, la reinterpretación que hacen de “Quiero ser tu perro” me parece fabulosa. Pero podría hablar de todos, creo que todos han defendido las canciones, con su propia personalidad, de una manera brillante. Adrián, de Trippin’ You, igual, ha puesto su propia impronta totalmente; Diego, de La Plata, me ha encantado como lo ha hecho. En concreto a Diego, cuando grabó la voz de “Heroes”, le dije: «¡Te has pegado muchísimo a Eduardo!», y me dijo: «¡Pero cómo no me voy a pegar, si con este disco he crecido yo imitando a Eduardo!». Y es muy bonito asistir a todo esto, la verdad.

¿Y el feedback con el público cómo está siendo? Ya sabemos que hay una facción de puristas por ahí que puede estar pensando que esta revisión de la obra Parálisis Permanente es un sacrilegio…
La gente a la que no le guste, a mí no me lo va a decir. Seguro que hay por ahí alguno de esos proteccionistas absolutos, hiperreligiosos de la obra inicial y puristas casposos a los que pueda no gustarle lo que hemos hecho; intransigentes siempre hay. Lo sé porque me ha ocurrido a mí misma defendiendo mi propia obra. Esos haters los tengo desde siempre, sí; lo que pasa es que, aunque hacen mucho ruido, en realidad son cuatro. Estoy un poco por encima de ese tipo de críticas, que siempre existen, pero me las paso por el forro. ¿Qué puede haber más bonito para los acólitos de Parálisis Permanente que hacer un homenaje a su legado con gente de hoy?

Es una manera muy sugerente y entrañable de rendir tributo a una banda y a su obra. Pero es que, además, qué coño, tú eres Parálisis Permanente. ¿Quién lo va a proteger más que tú?
Total, así es. Yo soy la primera perfeccionista y pudorosa con todo ello, y ya me preocupo yo de hacer algo que esté muy a la altura.

A todo esto, en mitad de este proyecto de Ana Curra y los 13 Apóstoles, vas y lanzas un nuevo single, “Activista de la idiotez”, que no tiene nada que ver con Parálisis, pero sí con tu carrera en solitario. ¿Significa que tenemos nuevo disco a la vista?
En cuanto a los tiempos, es verdad que se me agolpó todo, pero llevo ya varios meses con canciones preparadas para meterme en el estudio a grabar. Como primero estaba la reedición de Volviendo a las andadas y luego el disco de La última cena de Parálisis Permanente, me parecía un poco lioso presentar todo junto; pero, sí, tengo ya canciones para un nuevo álbum.

 

«¿Qué puede haber más bonito para los acólitos de Parálisis Permanente que hacer un homenaje a su legado con gente de hoy?»

 

¿Están todas hechas ya?
Me faltarían un par de temas. Tengo que medir bien los vinilos para ver cuántas canciones caben, porque me gustaría incluir también en él “Hiel” y “Aphrodita la monarca”, que se quedaron como singles aparte.

Y de las canciones que ya tienes listas, pero todavía desconocemos, ¿nos puedes dar alguna pista?
Son canciones que, quizá, sorprendan, porque reflejan muchísimo el momento actual que vivimos, pero ya como con mucha ironía, con mucho sarcasmo.

Sí, como “Activista de la idiotez”, que es de una mordacidad brutal.
Eso es. Algunas letras van por ahí. Hay una que se llama “Aleluya fentanilo”, que es un aleluya, una canción preciosa, pero que habla de todo lo que está ocasionando Trump, de lo que nos está tocando vivir ahora mismo. Tengo otra que es una canción brutal de baile, con ella llego a la conclusión de que, tal y como está todo, como no entiendo nada de lo que está ocurriendo, mejor me pongo a bailar. Este tema lo tenemos en los ensayos matizadísimo, y te pone las pilas rápido. También hay otra canción que se llama “Con los gatos”, inspirada en la escritora egipcia Joyce Mansour, una de las mujeres que más me ha referenciado con ese rollo surrealista suyo… Se trata de una colección de canciones creadas por lo que ahora mismo me pide el cuerpo.

Esa libertad creativa es necesaria…
¿Sabes qué pasa, Sara? Tengo la gran suerte de que a estas alturas de mi vida no me condiciono nada.

Y tampoco tienes tabús.
No tengo ni tabús, ni prejuicios, ni prejuzgo nada, ni me importa lo que se me prejuzgue a mí. Hago lo que me da la gana y con estas canciones que me han salido, cuando las tocamos en el local, nos quedamos súper a gusto, nos molan todas muchísimo.

¿Cuál es, para ti, el mejor momento del día para componer?
Eso es complicado, porque hay épocas en las que estás tan en movimiento que es imposible. No puedes centrarte en una línea armónica, en qué ritmo le pones, a qué letra la adecúas… Tengo que tener un momento, más o menos tranquilo de actividad, para sentarme al piano y componer, a ver qué sale. Todas las canciones las compongo al piano y luego ya las llevo al local. Además, hay que ir dejándolas que tengan su existencia, su rodaje, porque se van reajustando ellas solas. Se asientan solas. Y llega un momento en que dices: «va, ya está, esto ya es nuestro».

¿El título del disco lo tienes ya?
No, todavía no. Fíjate, me costó mucho dar con el título del proyecto Ana Curra y los 13 Apóstoles, y con el título del disco, La última cena de Parálisis Permanente. Me costó varios meses. Tenía una idea en la trastienda de mi cerebro, sabía lo que quería transmitir, pero seguía dándole vueltas sin llegar a nada en concreto, no lo encontraba. Y de pronto un día me levanté y dije, lo tengo.

¿Sabes más o menos cuando lo publicarás?
A finales de 2026. Tengo que dejar que respire todo esto un poco.

 

«Intransigentes siempre hay. Lo sé porque me ha ocurrido a mí misma defendiendo mi propia obra»

 

A todo esto, también, te has jubilado, después de toda una vida como profesora de piano en el Conversatorio de El Escorial. ¿Cómo te enfrentas ahora al día a día después de tantos años con una rutina tan concreta?
Realmente, de momento, no he tenido mucho tiempo de pararme a pensar en ello porque me han faltado minutos al día. De todos modos, sé que no lo voy a echar de menos, ha sido una etapa maravillosa que me ha nutrido muchísimo y me ha mantenido en tierra, en contacto con los adolescentes, con los niños, me siento muy orgullosa de todas las personas a las que he podido formar y ahora viven de la música… Eso me llena de orgullo. Pero la verdad es que parada no me voy a quedar, esa no es mi naturaleza, me sobran ideas y actividad. Para empezar, mi rutina más constante es despertarme muy temprano, trabajar con el ordenador contestando correos y tal, y luego ir al gimnasio un par de horas. Esa rutina sí que es necesaria para mí, para encontrarme bien, y de ahí viene también esa energía para los directos, para la vida ambulante del músico…

La tristeza por el fallecimiento de tu padre está siendo tremenda. Su pérdida está muy reciente, ¿cómo se te plantea la vida ahora en ese sentido?
Le echo muchísimo de menos, muchísimo; cuando entro en casa y veo que no está… Le echamos todos muchísimo de menos porque era el alma de la casa. Mi padre estaba muy bien, he podido compartir todo con él hasta el último momento, seguía pidiéndole consejos y opinión. Y yo para él siempre he sido, a su vez, la alegría de la casa; ya desde pequeñita tenía una relación muy bonita con él. Esto no debería pasar, ninguno deberíamos perder a nuestros padres y, cuando ocurre, es cuando te das cuenta de que te quedas absolutamente solo, colgado en el vacío, hay un cordón umbilical que se rompe y te vuelves niña y frágil otra vez. Afortunadamente, tengo a mi madre, y puedo seguir disfrutando de ella; además, necesito acompañarla mucho en estos momentos porque para ella está siendo durísimo.

¿Y qué le pides a la vida ahora, Ana?
A nivel personal no tengo grandes cosas que pedir, creo que soy una afortunada. A nivel musical, a nivel industria, en cambio, sí creo que hay muchas cosas que deberían mejorar, no me gusta cómo funcionan. Sé que no está fácil para nadie, pero, a veces, te ves con un montón de intermediarios por medio de cualquier asunto y sigues detectando que el último eslabón, al final, sigue siendo el músico; y eso no puede ser. Hay mucha gente endiosada en la industria y a ti, que eres el que está alimentando a la industria con tu música como creador o creadora, resulta que solo te quedan las migajas. A veces se hace demasiado duro. También hay mucha falta de hospitalidad y de respeto, y a los músicos, a cualquier banda o artista, es necesario que se les cuide, aunque sea mínimamente, porque a veces no existe ni eso. Y a nivel social, pues qué puedo decirte… Es tremendo lo que está ocurriendo. Nunca he vivido algo parecido, pero no solo respecto a nuestra sociedad, sino al mundo entero. Lo que están teniendo que ver nuestros ojos con lo ocurrido en Minneapolis, en el día a día en Gaza, esta oleada de caciquismo, xenofobia y machismo que es absolutamente aterradora y triste… Lo más importante es impedirnos a nosotros mismos acostumbrarnos a esto y recordar que todas estas son luchas ganadas por nosotros con mucho esfuerzo y mucha sangre durante muchos años, y no debemos apabullarnos porque un loco, un psicópata, las quiera borrar de un plumazo. Hay que dar un golpe en la mesa, pero ya.