DISCOS
«Melodías construidas con cariño, arreglos cuidados y emoción contenida, la química entre ambos resulta, simplemente, encantadora»

Bertolf & Nomden
All good things
EXCELSIOR RECORDINGS, 2026
Texto: XAVIER VALIÑO.
Bertolf Lentink y Diederik Nomden. Cada uno con una trayectoria más que recuperable —siete discos en solitario el primero, cuatro el segundo—, aunque no hayan salido casi de su país, los Países Bajos. Se conocieron en un concierto de Paul McCartney en 2003 y entablaron una conversación. Durante veinte años, se encontrarían repetidamente en diversos escenarios: Bertolf grabó sus primeras maquetas con Diederik, Diederik le pidió a Bertolf que se uniera a la banda De Kevers (The Beatles en holandés), Bertolf le pidió a Diederik que se uniera a su grupo Her Majesty, con el que rindieron homenaje a Crosby, Stills, Nash & Young en más de una ocasión…
Desde hace un tiempo vienen componiendo dos canciones juntos cada año, además de mantener el proyecto Two of Us (exacto, con el nombre de una canción de The Beatles). Lo mejor de esas sesiones en común se edita ahora como All good things. Con los antecedentes citados es posible aventurar como suena su debut. Ambos comparten una especial devoción por las armonías clásicas, las melodías que se quedan a vivir en la cabeza y ese gusto por el pop artesanal que deviene tan natural como luminoso.
Resulta irónico, y sin duda premeditado, que uno de sus mejores momentos se titule “The sixties are yet to come” (“Los sesenta están todavía por llegar”), teniendo en cuenta de donde provienen buena parte de sus influencias y referentes. Se trata de un tema contagioso que se distingue por sus giros melódicos constantes y por la interacción vocal entre los dos, lo que le aporta un dinamismo extra. Se sitúa en coordenadas similares a otras grandes canciones como “Ain’t no running around it”, una pieza que combina guitarras acústicas luminosas con letras sobre la inevitabilidad de afrontar retos exigentes, o “Hysteria”, donde la percusión hace de guía.
El contraste estaría en la balada del álbum, su otro gran momento, “Tell it to the kids”. Por su parte, “None at all” pone el tiempo medio del álbum, con arreglos de viento y cuerda sutiles. Más pistas: “Worlds collide” o “Whisper your name” muestran esa capacidad de cambiar de atmósfera sin fisuras, pasando de estribillos contagiosos a pasajes más íntimos.
Solo el cierre muestra unas intenciones ambiciosas no del todo bien conseguidas: “Suite: Paper dreams” resulta un ensamblaje disperso de ideas musicales que retoma motivos previos en sus más de siete minutos. En el resto, cuando simplemente trabajan en melodías construidas con cariño, arreglos cuidados y emoción contenida, la química entre ambos resulta, simplemente, encantadora.
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Anterior crítica de disco: El propio, de Víctor Coyote.

