DISCOS
«Si hay algo que se puede reprochar a este disco es que es extremadamente breve, que sus canciones, al concluirse, piden más. Porque lo que hay es, simplemente, perfecto»

Víctor Coyote
El propio
EL VOLCÁN MÙSICA, 2026
Texto: CÉSAR PRIETO.
Víctor Coyote presenta una de las carreras más esplendorosas de la música española. Sus breves inicios con Los Coyotes, apostando por un psychobilly nervioso y obsesivo, pasaron a investigar, con instrumentos de rock en las bases, en la música latina. Su single “300 kilos” y su elepé Mujer y sentimiento sorprendieron porque en él entraban boleros, merengue, ritmos caribeños o brasileños…
En su carrera en solitario, ha seguido horadando en este camino, y una muestra de las canciones de este periodo conforman su nuevo disco, sin regrabar nada, mondas y lirondas. También añade una espléndida canción nueva, una bachata: “Así me tratan ahora”, que habla del fracaso después del éxito.
Comienza con “Si te falta calle”, salsa a la manera de Nueva York, con su tumbao, de esas canciones lentas de la Fania, “El ratón”, de Cheo Feliciano, o muchas de Héctor Lavoe. Es la que inicia el disco y una declaración de intenciones: la calle es el sustrato de historias, el único surtido de su mundo personal y de cualquier mundo personal con jugo.
La inédita, “Así me tratan ahora” posee esa sensual lentitud caribeña que se ajusta a la perfección a una letra que enfoca a una antigua estrella de rock. Podría entrar perfectamente en el tercer disco de Los Coyotes, De color de rosa.
De sus primeros tiempos, parece venir “Yo que creo en el diablo”, mucho más densa y dura. Pero viene de 2004, del elepé ¿A qué viene ahora silbar?, pero es cercana a esa electricidad desmelenada que practicaban. Sin embargo, la mayoría de las canciones tienen que ver con lo latino. “Jaguarundi”, de su primer disco en solitario, Lo bueno, dentro, grabado en Brasil y con canciones que tienen mucho de carioca, aliado con algo de flamenco, fue sintonía de la Vuelta Ciclista a España. La versión de Mort Shuman, “Puerto Rico en mi corazón”, con la voz de Víctor Coyote más versátil y un tres cubano, añade cuerdas que visten a la canción de belleza.
En “La maravilla”, de Las comarcales, intenta, con su mezcla de rock and roll clásico y boogalo o cumbia, acompañar a una letra que enfoca un territorio instintivo, lleno de percepciones que acercan a humanos y animales. También entra dentro de esta dinámica “Cumbia de milagro”, llena de tristeza.
Dos canciones se apartan del castellano. La segunda versión del disco es en portugués, el “Havemos de ir a Viana”, de Amalia Rodrigues, que cuenta con una guitarra juguetona que enreda a una canción jovial, incluso con silbidos. La melodramática tercera versión, en este caso de Takis Mousafiris, “Yo, el extraño”, aparece originalmente en De pueblo y de río, está cantada en griego, y es casi de cantautor, sin más que la acústica y voces.
Quizá, la que más se aparta de las directrices habituales es “Joven de cuello vuelto”, increíblemente adictiva en su melodía y con excepcionales juegos de guitarras para retratar a un joven que bebe Cointreau y juega a ser el regreso de Rimbaud, con un malditismo irónico, buscado y no marcado por el destino.
Si hay algo que se puede reprochar a este disco es que es extremadamente breve, que sus canciones, al concluirse, piden más. Porque lo que hay es, simplemente, perfecto.
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Anterior crítica de disco: Holo boy, de This Is Lorelei.

