
«No solo hay una variedad temática, sino que pongo en práctica el monólogo, la alegoría, la ucronía o el realismo sucio, entre otros»
Charlamos con José Ángel Barrueco, que acaba de publicar un nuevo libro de relatos, Antivirus y otros relatos de plagas y paranoias, dentro de la Colección Intermitente de Efe Eme. Textos que construyen personajes marginales de la misma manera que tocan el corazón con una sensibilidad única.
Texto: EFE EME.
Con una dilatada carrera literaria, el escritor zamorano acaba de publicar un libro de relatos en el que se vislumbra todo el repertorio de su temática y estilo. Textos en los que describe a personajes de extrarradio, con pocas posibilidades de futuro, marginales, a la vez que explota la sensibilidad de lo propio para terminar con un relato extenso en primera persona de una vivencia personal que envuelve al lector hasta el final. Hemos charlado con él. Esto es lo que nos cuenta sobre Antivirus y otros relatos de plagas y paranoias.
¿Cómo ha sido el proceso de selección de estos relatos?
Al principio fue algo complicado. Quise incluir muchos de mis relatos, todos los que se fueron publicando en obras colectivas (antologías temáticas, compilaciones varias, revistas de papel y digitales, fanzines), pero que no había entrado en ninguna de mis obras individuales. Luego eliminé la mitad porque mi intención era componer una especie de antología y no un volumen de relatos completos.
La parte I se titula “Parias” porque incluyo historias sobre quinquis, navajeros, camellos… En su mayoría son textos con algún toque de humor, que fueron publicados en los Vinalia trippers (que coordinaban Vicente Muñoz Álvarez, Silvia D. Chica y Alfonso Xen Rabanal) y en otras antologías. Fueron relatos de encargo en los que tuve que ajustarme a una temática y a una extensión y, para algo como el Vinalia, que era un poco punk, un poco contracultural y una especie de fiesta entre amigos, trataba de endosarle algunos toques cómicos.
La parte II se titula “Virus” y ahí introduje relatos más serios, más largos, sobre temas tal vez más profundos como el paro, el trabajo temporal, la enfermedad o esas «desventuras» juveniles que nos obligan a madurar de golpe. Si en la primera sección hay homenajes deliberados al cine, aquí se nota la influencia literaria: Fante, Carver o Bukowski, entre otros. Aquí se despliegan distintos tipos de virus: los que afectan al cuerpo, pero también el virus de la palabra al que aludía Burroughs, o el virus como una especie de metáfora sobre la obsesión que reconcome a algunos personajes.
La parte III, “Pico de chinche”, es una narración extensa y autobiográfica que no figuraba en la primera selección, pero los responsables de Efe Eme me propusieron que la incorporase y me pareció una idea estupenda.
El libro contiene tres partes diferenciadas. La primera, en la que la ficción toma la palabra y describes a todo tipo de personajes desarrapados y al límite, propio del realismo sucio. Una segunda en la que ya se vislumbra algo de ti mismo y en la que introduces elementos más sensibles. Y una tercera que es una vivencia en primera persona. ¿En cuál de ellas te sientes más cómodo a la hora de escribir?
No sabría decirte. En la primera parte, que es ficción pura, me lo pasaba en grande inventando personajes y haciendo homenajes al cine quinqui, a la blaxploitation o al universo de Tarantino. Me parece un ejercicio muy divertido. Pero también me siento cómodo con esta clase de narraciones de la segunda parte y, al mismo tiempo, me afectan un poco más, ya que en algunas hay ciertas implicaciones autobiográficas. Creo que me quedaría (respecto a la escritura) con esta segunda parte, porque está a medio camino entre la ficción de la primera y la autobiografía de la tercera. Conjugar ambas es muy satisfactorio.
¿Qué destacarías de todos los relatos del libro? ¿Cuál es la parte que más te gusta?
Resaltaría el desarrollo de la técnica en los distintos géneros: no solo hay una variedad temática, sino que pongo en práctica el monólogo, la alegoría, la ucronía, el realismo sucio en algún caso, la revisión de una o dos películas en forma literaria, los guiños continuos a varios de mis escritores de cabecera… No sabría decirte cuál me gusta más.

«Mi relato favorito probablemente es “Muelas y señales”. Lo escribí para una antología de homenaje a Charles Bukowski»
Vienes de la escuela de Raúl Núñez, donde conceptos como pulp o underground son imprescindibles. ¿Crees que esta literatura puede abarcar lectores que amplíen el sector en el que se encuentran?
Sí, puede y debe, y en algunos casos ya lo está haciendo. Si nos fijamos en las redes, sobre todo en Instagram y en el fenómeno de los booktubers o como se llamen, de pronto te encuentras con jóvenes que afirman haber salido «de su zona de confort» (una de las expresiones más horrendas de nuestro tiempo) al leer una novela sobre criminales o expresidiarios de Sajalín Editores, y le cuentan a sus seguidores que han flipado y que no se lo esperaban. Sucede lo mismo con la obra del gran David González: sus textos, ya fueran poéticos o narrativos, acaban convenciendo a quienes no leen poemas o huyen de la temática lumpen. A veces se mira lo pulp por encima del hombro, hasta que ciertos lectores ceden y descubren lo divertido que es y lo mucho que te sacude, como si te hiciera despertar en una realidad paralela que ignorabas.
Vienes de escribir una novela, Los violentos. Una historia de Lavapiés. ¿Te sientes más cómodo ante el relato breve o ante la novela?
Ante el relato breve, sin duda. En la escritura puede que sea mi género predilecto. Tiene la extensión perfecta para trabajar: no es tan breve como el poema, ni tan largo como la novela, aunque estoy generalizando en todos los casos porque hay poemas larguísimos y novelas muy cortas. También me siento muy cómodo con el artículo, de los que he escrito miles para diversas publicaciones (esto no es una exageración: son muchos años de trabajo y los tengo en una carpeta que pasa del número cuatro mil).
Formas parte de una generación de escritores como David González, Mario Crespo o Vicente Muñoz Álvarez, por citar a algunos. ¿Se os ha hecho poco caso mediáticamente o es algo que no te preocupa?
En efecto, se nos ha hecho poco caso, pero a nivel nacional. Quiero decir que, en nuestras respectivas ciudades, y salvo casos puntuales, se nos ha tratado siempre bien. Para que te mencionen en las grandes cabeceras, tienes que haber tenido un éxito inesperado entre los lectores con un libro de editorial más o menos pequeña o independiente (son casos contadísimos, pero los hay: algunos de esos escritores rompen los esquemas con la popularidad de su primer libro, pero acaban cayendo en el olvido porque no son capaces de superar aquel éxito) o publicar con una de las grandes empresas editoriales (aunque el libro pueda ser una boñiga, y en muchos casos lo es, ya tienes garantizada la atención mediática). Al principio me daba igual, pero ahora me preocupa porque el foco solo va detrás de lo exitoso. Y no lo digo por mí: lo digo por todas esas obras interesantes que ningunean año tras año… Es una pena que la gente no las conozca porque se les ha dado la espalda.
Hay referencias literarias y cinematográficas en los relatos del libro. ¿Cómo son de importantes para ti? ¿Asocias la literatura a disciplinas artísticas como el cine?
Son la base de mi literatura y de mi vida. Sin esa formación yo sería otra persona muy diferente, supongo. A veces, charlando con amigos, encuentro paralelismos de la vida real con películas o novelas: ciertas situaciones, ciertos momentos… Y ellos flipan un poco, claro. Mi cabeza funciona así. Asocio la literatura contemporánea al cine, sí. Creo que fue Agustín Fernández Mallo quien dijo que las novelas de ahora deberían integrar los lenguajes cotidianos de estos tiempos: lo audiovisual, pero también la informática o la publicidad. Dentro de eso, el cine me parece esencial: sus técnicas, su impacto visual en los consumidores pero que podemos traducir en palabras o aludir a ciertas obras que están inscritas en la cultura popular, su manejo por parte de los creadores…
Por último, si tuvieras que escoger un relato del libro, ¿cuál recomendarías a nuestros lectores?
Probablemente, sería “Muelas y señales”. Lo escribí para la antología de homenaje a Charles Bukowski (Hank over), que prepararon Patxi Irurzun y Vicente Muñoz Álvarez. Ahí mezclo la ficción con la experiencia propia, incluyo guiños al realismo sucio, y me parece que es un texto que va al grano, que es muy directo y muy honesto: te dice que el malditismo, la estrechez económica y la bohemia no tienen ningún encanto, los despoja del romanticismo habitual. Y gracias a ese relato conocí a unos cuantos escritores con los que hoy mantengo una buena amistad: autores, entonces, principiantes, y de quienes no sabía nada, que me escribieron para felicitarme porque les había gustado mucho. Eso fue muy gratificante y, por todas esas razones, este relato me parece simbólico.

