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Darkness on the edge of town. Springsteen en el corazón de la tormenta, de Julio Valdeón

LIBROS

«Un jugoso volumen que se lee con adicción, sin que puedas abandonarlo, y que lo convierte en un propulsor de algo que el lector tampoco podrá abandonar: todas esas maravillosas inéditas que le llevará semanas escuchar»

 

Julio Valdeón
Darkness on the edge of town. Springsteen en el corazón de la tormenta
EFE EME, 2025

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Si hay alguna frase que describe lo que ha sido el rock a partir de los años ochenta del pasado siglo es la de John Landau en 1974, tras salir de un concierto: «He visto el futuro del rock and roll y su nombre es Bruce Springsteen». La escribió tras salir de una actuación de la gira de Darkness on the edge of town, poco antes de convertirse en su amigo y su mánager. A este disco le dedica su nuevo libro Julio Valdeón, que se escribe como se han de escribir los libros de música, como un relato. Al fin y al cabo, escribir canciones, grabarlas y defenderlas, no deja de ser una historia.

Varias son las virtudes de este relato, Darkness on the edge of town. Springsteen en el corazón de la tormenta. En primer lugar, su estilo preciso y a la vez florido, que ya se inicia en la biografía, en su infancia, en su familia y sus primeros grupos. También su soledad en Nueva Jersey cuando sus padres se mudan sin él a California, mientras van apareciendo los componentes de la E Street Band, llega el contrato discográfico y los tres discos anteriores al que nos ocupa. Los problemas con su representante, Mike Apple, se van acrecentando, pero le queda una grabación por contrato, que después concluirá en los tribunales por la cuestión de los derechos de autor. En este contexto, en que el grupo está a punto de separarse, nace Darkness on the edge of town.

La segunda virtud es que evita el recurrente análisis canción a canción, para sustituirlo por capítulos donde los temas se abordan con constantes conexiones con otros ámbitos, otros temas u otras épocas. Así, asoma la cabeza en varias ocasiones Elvis Presley, ataduras con el cine y la literatura, canciones que se enredan con la presencia de coches en el rock, o la aparición explosiva de nuevas alternativas como el punk. De hecho, una de las canciones más significativas del disco, “Badlands”, está en medio de Elvis Presley y la influencia del naciente estilo.

Así, inteligentemente, no organiza el libro por canciones sino por tema, como el del trabajo, donde quien aparece es Woody Guthrie, y muchas de sus canciones en que Springsteen derrama su alma country.

Lo que sí respeta es el apartado de fotografías, tanto las de Frank Stefanko para el disco —las entrevistas con protagonistas estadounidenses cercanos al cantante es ingente—, como las de Eric Meola para Born to run. También la recepción en prensa, con muchas reseñas positivas, pero también algunas negativas, que incluso defenestran el disco totalmente.

La impresión general fue que era un disco pobre y demasiado reposado, casi narcótico. También incluye un documentado diario de todos los conciertos de la gira —con comentarios de gente que estuvo en ellos—, uno a uno, hasta el cierre, el 1 de enero de 1979, en el Richfield Coliseum de Clevaland.

La tercera virtud es el rescate y el comentario de decenas de canciones inéditas. Algunas pasaron a The river, otras formaron parte de conciertos de los que hay grabación, y una tercera parte formó parte de las cajas y ediciones especiales que se publicaron posteriormente. Todo ello convierte al libro en un jugoso volumen que se lee con adicción, sin que puedas abandonarlo, y en un propulsor de algo que el lector tampoco podrá abandonar: todas esas maravillosas inéditas que le llevará semanas escuchar —su búsqueda es fácil, internet las contiene todas—, semanas que, se lo aseguro, serán enormemente placenteras.

Anterior crítica de libros: La suela de mis zapatos. Pasos y andanzas de Martín Girard, de Gonzalo Suárez.