DISCOS
«Un testamento sonoro que marca el final de un capítulo imborrable. El fallecimiento hace unos meses de Amadou le da otra entidad a este noveno trabajo suyo»

Amadou & Mariam
L’amour à la folie
BECAUSE MUSIC, 2025
Texto: XAVIER VALIÑO.
L’amour à la folie se abre como un amanecer dorado sobre Bamako: las primeras notas de “Bienvenue à la maison” parecen dibujar la silueta de dos cuerpos acercándose por primera vez, dos almas que se descubren entre risas, miradas y guitarras. En ella, la guitarra de Amadou dialoga ya con la voz cálida de Mariam, creando un contrapunto que evoca la intimidad de los años compartidos, la complicidad de los gestos y miradas silenciosas. Es un tema que brilla por su sencillez, porque cada nota parece flotar entre recuerdos y promesas, y al mismo tiempo acaricia al oyente con una cercanía irresistible.
El que será ya el último álbum de Amadou & Mariam se escucha como un susurro que atraviesa el tiempo, un testamento sonoro que marca el final de un capítulo imborrable. El fallecimiento hace unos meses de Amadou le da otra entidad a este noveno trabajo suyo, tiñendo cada acorde de una melancolía luminosa. Desde el inicio, se percibe la huella de una vida compartida, de un amor que nació entre cuerdas y miradas en Bamako, y que se convirtió en un hilo invisible que une cada canción con la siguiente. La historia de Amadou y Mariam, su encuentro y complicidad, late con fuerza en el disco, como si la música misma fuese testigo de la historia de su vida.
Canciones como la pieza titular, que toma su nombre de la escultura de Jean-Baptiste Carpeaux de 1869, a partir del grupo escultórico La danza en la Ópera Garnier y realizada por encargo del arquitecto Charles Garnier, destacan por su sonido de blues africano contagioso. Por otro lado, “Furu” resalta por la fuerza rítmica de las percusiones, como pasos sobre arena caliente, que lleva la tradición maliense al presente con una vitalidad contagiosa. Es un recordatorio de que su música siempre fue celebración de la vida, incluso cuando la tristeza acecha.
Lo que verdaderamente emociona de L’amour à la folie va más allá del brillo de las guitarras o del timbre irrepetible de Mariam. Está en cómo el disco se sostiene por sí mismo como una obra final sin peso solemne, sin dramatismo impuesto. Sus arreglos, tan contenidos en unos momentos como expansivos en otros, logran un balance delicado entre celebración y la pura introspección, siempre fieles a una honestidad innegociable. Lo que queda no es una despedida, sino un gesto de cercanía, una obra que respira y que acompaña, independientemente de que no pueda tener continuidad.
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Anterior crítica de disco: Pequena vertigem de amor, de Sessa.

