EL RITMO DE LA SEMANA

«Que en mitad de esta vorágine sónica en la que nos hallamos, todavía haya tiempo y espacio para saborear caramelos como este, es una victoria»
Sara Morales dedica su columna semanal, “El ritmo de la semana”, al grupo escocés Camera Obscura. Pioneros del indie pop a principios del milenio y que ahora regresan para celebrar los 25 años de su debut.
Una sección de SARA MORALES.
Foto: ROBERT PERRY.
Llegué a Camera Obscura antes de entrar en la veintena, cuando todo, hasta lo más alejado a uno, se acoge con la gracia y la expectativa de esa libertad virgen, sagrada y valiente que ataja todo descubrimiento.
Ellos, aquellos escoceses vestidos de poppies en tiempos en que el indie comenzaba a hacerse hueco en la escena mundial y en nuestro entendimiento —al principio, recordemos, más como forma de gestión que como género musical—, apenas sumaban cinco años de trayectoria y acababan de publicar su primer disco, Biggest bluest Hi Fi.
Una colección de canciones que auguraban algo importante, por diferente, y que respiraban perfectamente trenzadas en la bruma sixtie, en la delicadeza de un pop concebido para alejarse de la radiofórmula y hacer las delicias de los ritmos dulces y nostálgicos, ataviados de aires amateur y una personalidad genuina y propia.
No tardaron en ganarse un sitio en la atención popular y mediática, siempre de tintes alternativos, claro. Glasgow, su ciudad de origen, había parido ya a grandes referentes de la música mundial un tiempo antes (Simple Minds, The Jesus and Mary Chain, Belle and Sebastian, Primal Scream, Travis, Mogwai…) y, aunque solo fuera por eso, merecía la pena detenerse a escuchar cómo sonaban las hordas del nuevo milenio que aterrizaban en su facción más rebelde, con unos carismáticos Franz Ferdinand, y en su forma más suave y naíf con Camera Obscura.
Aquel debut, ahora llega reeditado para celebrar sus 25 años de vida. «Llevamos tiempo trabajando en la reedición de este álbum», dice la cantante y guitarrista Tracyanne Campbell, «así que estamos encantados de que, por fin, se haga realidad». Y también nosotros, por supuesto. Aunque para unos cuantos, las joyas de su corona se encuentran en el repertorio de su segundo álbum, Underachievers please try harder, del año 2003, con esa “Keep it clean” que rezuma un encantador desorden melódico, o el barroco ligero y fresquito de “Lloyd, I’m ready to be heartbroken”, de su tercera entrega llamada Let’s get out of this country y publicada en 2006.
Por estos lares, fue el sello Elefant Records quien alzó la carrera de los escoceses durante años. Y, además de sus discos, consiguieron tener presencia en recopilatorios del género. Por el camino hubo pausas, silencios, y nos fuimos haciendo mayores todos, ellos y nosotros. Hasta nos tocó despedir a su teclista, Carey Lander, fallecida en 2015 por un osteosarcoma. Hasta regresaron hace dos años con un disco nuevo.
Quizá por todo ello, que sigan sonando, que en mitad de esta vorágine sónica en la que nos hallamos, todavía haya tiempo y espacio para saborear caramelos como este, es una victoria. La victoria de las cosas bien hechas y que no caducan.
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Anterior entrega de “El ritmo de la semana”: La catástrofe con Devo y Bowie se lleva mejor.

