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La catástrofe con Devo y Bowie se lleva mejor

EL RITMO DE LA SEMANA

«Mientras mueren la individualidad y el pensamiento crítico, las élites y el algoritmo (de toda índole) engrosan su caché»

 

Sara Morales, en su columna semanal “El ritmo de la semana”, aborda la debacle social y conductual a la que nos dirigimos, a propósito de Devo y de una canción de David Bowie.

 

Una sección de SARA MORALES.

 

Foto: Extraída de la portada del disco de Devo, Freedom of choice.

 

Que exista el Día de Devo me ha parecido tan loco como maravilloso. Lo desconocía. Pero resulta que, en Akron, Ohio, la ciudad de la que proviene la banda, se ha instaurado, desde hace cinco años, el 1 de abril como el Devo Day para honrar la influencia y la trayectoria del grupo adalid de la nueva ola.

Una especie de orgullo local que arrastra a sus gentes y a sus calles a celebrar la jornada al ritmo de canciones inolvidables como “Whip it”, “That’s good” o “Girl U want” y en omnipresencia, cómo no, de sus icónicos sombreros rojos (energy domes) —más conocidos como “esas macetas al revés”—, a través de esculturas que visten la ciudad evocándolos y de los outfits del personal de a pie.

Devo, que viene del juego de palabras “De-evolución”, comenzaron su andadura en 1972 bajo la premisa satírica de que la humanidad, en lugar de evolucionar e ir a mejor, se empeña en involucionar, en ir para atrás. Una crítica audaz a la mentalidad de rebaño en plena disfunción social y al consumismo, ataviada de una muy particular manera de abordar el synth pop, el punk y el art rock con ritmos repetitivos, maquinizados y robotizados.

Un retrofuturismo visionario —a la vista está que no se equivocaban con su diatriba hace ya más de cuarenta años—, acompañado de performances subversivas con las que se mofaban de la inercia colectiva y que dio la vuelta al globo en su momento, con ecos todavía hoy.
Y así seguimos, llevándonos las manos a la cabeza por esa mediocridad a la que se nos conduce sin remedio, en ese afán por blanquearlo y transversalizarlo todo tanto que nos estamos quedando en nada. Mientras mueren la individualidad y el pensamiento crítico, las élites y el algoritmo (de toda índole) engrosan su caché. Lo peor: que hemos desarrollado una tolerancia tal hacia todo esto, que nos incapacita para la acción y la reacción. Estamos cayendo a modo de robots —perdón, bots—. Y lo sabemos. Y no hacemos nada.

«Haré cualquier cosa que digas», repetía hipnótico Bowie en “Do anything you say”, su primera canción oficial firmada bajo su propio nombre, que esta semana cumple —también el día 1 de abril— sesenta años. Pues ya está.

Anterior entrega de “El ritmo de la semana”: Al teatro con Héroes del Silencio, Queen, Genesis y Chaplin.