Skip to content

Maronda, tras cinco años de dulce letargo

DISCOS

«Conservan intacta su habilidad para seguir cincelando verdaderas piezas celestiales del pop más luminoso»

 

El dúo valenciano regresa, después de un silencio de un lustro, con un sencillo de dos canciones que César Campoy celebra y analiza.

 

Texto: CÉSAR CAMPOY.

 

«El proyecto de Maronda, si sigue, será de manera fluida y espontánea». Así se expresaba Pablo Maronda, hace un lustro, en esta entrevista con Efe Eme, tras la publicación del intimísimo Canciones de vino y siembra (2021). Aquel elepé, el último hasta el momento del dúo formado por el propio Pablo y Marc Greenwood, venía a cerrar una etapa en la productiva trayectoria del combo. Según el artista, un año antes ya había comenzado a saldar cuentas y realizar un «ejercicio de limpieza», con la edición de un Insólito vergel surtido de inéditos y tomas alternativas.

Ahora, el grupo vuelve a las andadas con la publicación del sencillo compuesto por los temas “El amor brujo” y “La virgen de agosto”. Ambos se convierten en la avanzadilla de esta nueva era que consolida, a la criatura, como un proyecto de coleccionista, alejado de inútiles premuras, y basado en la calidad y la filosofía amanuense. De hecho, en los planes de Pablo y Marc figura la intención de seguir lanzando singles espaciados en formato digital para, si todo va bien, acabar reuniéndolos en un futuro elepé físico.

Se da la circunstancia de que, aquel 2021, estaba previsto que viera la luz un larga duración, precisamente titulado El amor brujo, aunque, finalmente, el dúo optó por recuperar buena parte de las creaciones previstas para Biarritz, un proyecto paralelo que no cuajó, para dar forma a Canciones de vino y siembra.

Con este par de gemas sonoras, Maronda demuestra, ya no solo estar en plena forma, sino conservar intacta su habilidad para seguir cincelando verdaderas piezas celestiales del pop más luminoso que se recuerda en tierras valencianas.

“El amor brujo” es un certero número de claras influencias sesenteras que juega, inteligente y sensiblemente, con la siempre efectiva combinación de acordes mayores y menores, y es coronada por arrebatador estribillo. Más melancólica se muestra “La virgen de agosto”, con eficaz piano de fondo, breve medio tiempo agridulce muy en la línea del sendero labrado, en estos quince años, por la formación.

En ambas composiciones, como era de prever, destacan los trabajados y bellos textos de un Pablo que sigue teniendo una habilidad única para dibujar, en la mente de quien escucha, la historia cantada.