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Entre los recuerdos de CRAG y los Ronaldos

«Ambos músicos se conocieron hace unos años en un concierto benéfico, hicieron buenas migas, y de vez en cuando se juntan para tocar»

 

A la noche compartida por Adolfo (Cánovas, Rodolfo, Adolfo y Guzmán) y Luis Martín (Los Ronaldos), en Almería, asistió Carmen K. Salmerón. Aquí nos cuenta los detalles.

 

Texto y foto: CARMEN K. SALMERÓN.

 

¿Te acuerdas de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán? (CRAG). Te refresco la memoria: Adolfo Rodríguez formó parte de Los Íberos, banda de beat rock de los sesenta y, después, durante los setenta, formó parte de la versión castiza de Crosby Still Nash and Young, es decir, Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán, tremendamente afamados en la península y en Sudamérica, dónde llegaron a ser la primera banda española que vendió discos a espuertas.

Luis Martín, más conocido como Luis Ronaldos, de los famosísimos Ronaldos, anda entregado a la lucha por la autoría de los derechos en SEDA (Sociedad Española de Derechos de Autoría). Ambos músicos se conocieron hace unos años en un concierto benéfico, hicieron buenas migas, y de vez en cuando se juntan para tocar, de un modo más lúdico que profesional. Ambos son grandes representantes del rock en español, del rock en ñ.

El pegamento en esta ocasión fue un libro: Adolfo. Por el camino púrpura (Silex ediciones, 2024), de Conchi Moya, donde la periodista habla de la figura del afamado músico de rock en ñ.

A partir de ahí, entra en escena un jubilado de banca, colaborador de un diario local y admirador confeso de CRAG, que desde la trinchera de las redes sociales se ofrece como improvisado gestor de la presentación en la única capital del reino español que carece de estación activa de tren, Almería. Después de varios meses de contacto online, y ciertas pesquisas, la presentación se lleva a cabo. Y así es, con el pie de dicha presentación, como aparecen por la ciudad milenaria.

El jubilado bancario contacta con una pequeña y coqueta sala en el corazón histórico, La Tetería de los baños árabes Hamman, también conocida como “la Tetería de Rosa”, nombre de su entrañable regenta, y útero cultural de la ciudad, particularmente en teatro alternativo desde hace más de dos décadas.

Por esos planes de la vida, más que por la promoción, llega a los ojos de quien escribe, tan seductora actuación de estos dos grandes de la música de rock en ñ. Un evento así está más próximo a la alineación planetaria que a la realidad de esta ciudad donde habitan el sol, el viento y un alzheimer cultural interruptus.

El espectáculo dura alrededor de una hora y media. Tiempo suficiente para resucitar los años setenta sin demasiada ceremonia. Caen “I shot the sheriff”, “Listen to the music”, “Sacrifice”, de Elton John —versión honestamente mejorable—, “I will always love you”, posiblemente la más lograda del acústico, aunque Adolfo insiste en que es «un experimento», y “A whiter shade of pale”. A pesar del mito, el público —parlanchín— no achanta la mui. Especialmente uno, que va de grupito en grupito repartiendo conversación pese a ser amonestado en tres ocasiones. El detalle: es el mismo que se ofreció a traerlos a Almería.

Continuaron con “Souspicious mind”, del añorado Elvis Presly. Con “Take it easy”, de los Eagles, llegó uno de los momentos más reveladores de la noche: el pequeño amplificador de Luis Ronaldos se queda sin batería. Sin drama, pide un cargador al público. Y alguien se lo facilita. La música, como la vida, sigue. Pocas versiones propias, eso sí. Demasiadas pocas. Quedó la promesa —casi deuda— de un futuro directo más volcado en su propio legado, aseguró Adolfo. Continúan con “Dust in the wind”, “Back in time”, “Summer time girl”, de Los Íberos, o “Solo pienso en ti” (donde se narra la historia de un pintor tenaz con su modelo), de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán (CRAG), y el famoso tema “Señor Azul”, también de GRAG, dedicada a la gente advenediza de los medios de comunicación, según advierte Adolfo.

Lejos de cualquier actitud de estrella, ambos músicos se mostraron accesibles, cercanos, incluso permisivos: algún espontáneo subió al escenario para sumarse a un desvarío versionero.

Entre el público se encontraron Concha Moya, autora del libro Por el camino púrpura (de los Íberos a Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán), y Javier Adolfo Iglesias, almeriense que sabe más de los Beatles que ellos mismos.

A pesar del directo irregular, del sonido franca y necesariamente mejorable, del público parloteador y del jubilado bancario, fue emocionante contemplar dos grandes músicos del rock en ñ. Emocionante, sí. Imperfecto, también. Y a pesar de todo, una experiencia recomendable.