Skip to content

«Vamos con la intención de seducir a público nuevo»

«Nos han dicho que pegamos con artistas tan variopintos como Carlos Ares o Mamá Ladilla»

Con su segundo álbum de estudio bajo el brazo, el músico salmantino, acompañado de su banda de músicos, se embarca esta primavera en una serie de conciertos gracias a Girando Por Salas. Hablamos con él.

 

Texto: EFE EME.
Fotos: Girando por Salas.

 

Viene de Salamanca y ya se ha configurado como uno de los artistas revelación del nuevo rock urbano de raíz, gracias a sus dos álbumes de estudio —Antipersonal (2021) y Cantares de arcilla (2024). Precisamente de la mano de este último, además de los hits que ya colecciona, se embarca ahora en una serie de conciertos que lo van a llevar, gracias al circuito de Girando Por Salas, por las siguientes ciudades: Lugo (18 de abril), Tameiga-mos – Pontevedra (19 de abril), Sevilla (15 de mayo), Granada (16 de mayo) y Cáceres (22 de mayo). 
Hablamos con Kike que, con una voz tan carismática como personal que emerge entre los riffs más efectivos y la calidez de la guitarra acústica, ha encontrado su sitio en esta escena.

¿Recuerdas cuándo, dónde y con quién diste tu primer concierto?
Mi primera audición de guitarra fue con unos 8 años, en la escuela de música Sirinx de Salamanca. El primer concierto que di con mi primera banda, La Kerella de los Bufones, es probable que fuese en el Farinato Rock, un festival local que se hacía en Salamanca, ahí debía tener unos 13 años. El primer concierto con mi segunda banda, BNDR, ya con 16, creo que fue en un pueblo de Salamanca, ese día hice doblete con La Kerella y BNDR, y luego La Kerella se disolvió. El primer concierto ya con mi proyecto actual como Kike M fue en la sala Cámelot y creo que estaba terminando Bellas Artes, así que tendría unos 22 años.

¿Con qué actitud afrontas los conciertos del ciclo Girando por Salas?
Con la misma ilusión y energía que afronto el resto de conciertos, pero con la tranquilidad que da saber que no vamos a palmar pasta; que hay un apoyo detrás y unas garantías con las que no solemos contar. Vamos también con la intención de seducir a público nuevo.

¿Dónde y cuánto sueles ensayar?
Ensayamos en los locales del Observatorio en Carabanchel. Cuando montamos los temas para grabarlos, y después para adaptarlos a la dinámica de directo, ensayábamos todas las semanas a veces dos veces por semana. Ahora que ya sabemos cómo respira cada uno, solemos hacer un ensayo de repaso antes de cada concierto, más por refrescar y disfrutar, porque el curro ya viene de largo.

¿Qué formatos vas a desarrollar en este ciclo?
Todos los conciertos de GPS son con La Banda Absoluta, que es el nombre de mis músicos habituales. Ha habido un concierto especial al que fuimos sin guitarra eléctrica y con un set de percusión, en la sala La Cuadra, en Villanueva de la Vera, porque por las características de ese espacio fuimos en acústico.

¿Qué banda y músicos te acompañan?
La Banda Absoluta está formada por Gabriel Vidanauta a la batería, Andrés Cemillán al bajo, Manu Clavijo al violín y Dani Pastor a la guitarra eléctrica. Nuestro compañero Ángel Calvo actúa de suplente tanto de guitarra eléctrica como de bajo. Es una suerte contar con músicos de tanto nivel musical y humano.

¿Qué criterios sigues para seleccionar el repertorio?
Tenemos un setlist con mucha energía, el primer concierto en Murcia la dinámica estuvo muy arriba. He dejado fuera del repertorio canciones más íntimas, como “Respiración” o “Ausencia presente”, que me reservo para los acústicos. También suelo medir la energía de cada lugar y voy haciendo los temas que me apetecen según cómo está el público y cómo estamos nosotros cada día.

 

«Suelo medir la energía de cada lugar y voy haciendo los temas según cómo está el público y cómo estamos nosotros»

 

¿En qué recintos sueles tocar?
Todo tipo de recintos, desde salas pequeñitas o centros culturales, hasta festivales más grandes como el Sonorama o el Festival de la Luz. También hemos tocado en auditorios como el CAEM, en la presentación del disco con acompañamiento de Orquesta Sinfónica.

¿La ciudad en la que tocas te influye de alguna forma, o condiciona el show?
Cada lugar tiene su idiosincrasia, pero esto afecta más a mi manera de comunicarme o de buscar conexión con cada ciudad, que con la forma de interpretar las canciones.

¿Cuál es tu rutina de carretera?
Últimamente estamos volviendo al cedé. El otro día, Manu, el violinista, trajo el disco De aquellos años verdes, de Javier Bergia, que me pareció una perla preciosa.

¿Tienes algún ritual o manía antes de salir a tocar?
Podría mentir o inventar uno, pero no. Cada noche es diferente, el ritual que se mantiene es el de cargar instrumentos, conducir, preparar una mesa para el merchandising… Sin contar con toda la gestión previa: el diseño de carteles, grabarse vídeos para redes… Ojalá algún día alguien nos libere de este mantra, por el momento somos obreros de la canción.

¿Qué es lo que no puede faltar en tu camerino?
A veces no hay camerino, hay baños normales o un almacén. En algunos conciertos he hecho una comprita en el supermercado de picoteo, porque los tiempos son ajustados para salir a cenar. En los días especiales en los que nos han pedido un hospitality, no somos nada especialitos, a excepción de mis alergias que son unas cuantas.

¿Qué ambiente se respira en el backstage justo antes de un concierto?
Cada vez menos nervios y más ganas. Nos conocemos bien, sabemos leer cómo nos sentimos y, si no, nos lo preguntamos y nos ayudamos. Hay mucha camaradería y, por supuesto, mucho humor. Me siento muy arropado y querido por mis músicos, tengo mucha suerte.

¿Y después?
Después, yo suelo ir al puesto de merchan a hablar con la gente y el resto se dispersa un poco, cada cual hacemos lo que queremos, dejamos un margen cuando se puede antes de recoger todo. Son conciertos muy exigentes, así que hay una mezcla de cansancio y de euforia muy curioso.

¿Hay algún instrumento que lleves siempre a todos los conciertos?
El pandero cuadrado de Peñaparda siempre viene conmigo, aunque solo lo toco en dos momentos puntuales de la noche, pero son momentos muy especiales. Es un instrumento muy agradecido, y cada vez más conocido, que me representa y me gusta mucho tocar. Juana Catalán es la artesana que sigue haciéndolos como lo aprendió de sus antepasadas y es una pasada cómo suenan, en particular los que hace ella.

¿Qué es lo más divertido o inesperado que te ha pasado en un escenario?
Hace muchos años, hubo un guiri que se desnudó en el público y se puso a bailar en pelotas, fue muy divertido.

¿Qué concierto propio no olvidarás nunca y por qué?
El de la presentación de este último disco, Cantares de arcilla, producido por Iñaki Antón (Uoho). Fue en el auditorio del CAEM, acompañados por la Joven Orquesta Sinfónica Ciudad de Salamanca. Nunca tantos humanos interpretaron a la vez, en directo, mis canciones. Además se grabó y ahora estamos a punto de lanzar un álbum en directo de aquella noche que fue mágica y que siempre guardaré en mi memoria y en mi corazoncito.

¿Con qué artista o grupo te gustaría salir de gira?
Con algunos con los que he tenido el placer de colaborar, como El Kanka, Depedro, Rulo o los amigos de El Nido. Si es por pedir, también sería una pasada con clásicos del rock en castellano como M-Clan, Fito o con el nuevo grupo de Iñaki (Rebrote). También nos han dicho que pegamos con artistas tan variopintos como Carlos Ares o Mamá Ladilla. ¡Viva el eclecticismo!

Anterior entrevista GPS 2026: Melifluo: «Vamos a poder llegar a sitios que teníamos muchas ganas de visitar».