EL RITMO DE LA SEMANA

«“Celluloid heroes”, de los Kinks, que aborda los tiempos efímeros de brillantina y champán, recordándonos que somos tan estrellas como estrellados»
Con motivo del Día Mundial del Teatro que se celebra esta semana, Sara Morales aborda sus analogías con la vida y la música, en su columna El ritmo de la semana.
Una sección de SARA MORALES.
«Siempre es la misma función, el mismo espectador / el mismo teatro, en el que tantas veces actuó / Y perder la razón en un juego tan real / Quizá fuera un error», nos enseñaron a cantar Héroes del Silencio en “La herida”, aquel tema del disco de 1993, El espíritu del vino, que nos sacaba de nuestro propio backstage para situarnos ante la mirada de todos y reflexionar sobre las relaciones rotas, las decepciones, la falsedad y la melancolía.
Cuántas analogías con nuestras propias vidas hemos encontrado a lo largo del tiempo sobre las tablas, bajos los focos, tras el telón, entre bambalinas… Ese arte llamado a la puesta en escena encarna en sí mismo un modo de asistir al mundo. Sus formas, sus técnicas, su esencia… se han convertido en una representación de nosotros mismos; por eso, en esta semana que se celebra el Día Mundial del Teatro, este espacio va dedicado a él.
Decía Lorca que «el teatro es poesía que sale del libro para hacerse humana». Con sus dosis de hiperrealismo, está claro; con su maquillaje a medias, cuando no hay más remedio. Con las prisas que se suceden mientras acontece la obra (nuestra obra) y el pequeño aliento que nos está permitido tomar entre acto y acto. Y el apuntador… el apuntador no siempre acierta, entre otras cosas porque en nuestra propia tragedia, en nuestro propio drama o comedia, a veces ni existe. No hay nadie al otro lado marcando la pauta o recordándonos el guion. Actuamos solos, a pesar de la compañía de otros personajes, de nuestra interacción con ellos y del atrezo que decora la realidad de nuestro escenario. En ocasiones, hasta lo hacemos detrás de una máscara o de un disfraz que nos hemos impuesto (o se nos ha impuesto) para desempeñar el papel con el que nos es más sencillo asistir al espectáculo.
El “The show must go on”, de Queen, que nos hemos hartado de mencionar. El “Puro teatro”, que cantaba La Lupe ya en 1969. Las luces (y las sombras) del “The lamb lies down on Broadway», de Genesis, en el que Peter Gabriel nos hablaba de alienación, búsqueda de identidad y redención en clave de rock progresivo. El “Celluloid heroes”, de los Kinks, que aborda los tiempos efímeros de brillantina y champán, recordándonos que somos tan estrellas como estrellados.
«La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes de que el telón baje y la obra termine sin aplausos», apuntaba acertadísimo Charles Chaplin. FIN.
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Anterior entrega de “El ritmo de la semana”: Al rescate de la prensa musical.

