DISCOS
«El regreso de una de las voces más singulares del neo soul a un panorama que la necesitaba urgentemente»

Jill Scott
To whom this may concern
BLUES BABE-HUMAN RECOURCES/ THE ORCHAD, 2026
Texto: XAVIER VALIÑO.
Once años son muchos años para guardar silencio. Y cuando alguien ha permanecido tanto tiempo alejada de los estudios de grabación, las expectativas pueden convertirse en una trampa o en una oportunidad. Eso no ha condicionado en absoluto el sexto disco de Jill Scott, que combina madurez, riesgo y una sorprendente frescura con una asombrosa confianza.
To whom this may concern, su sexto álbum de estudio, llega once años después de Woman (2015) y supone el regreso de una de las voces más singulares del neo soul a un panorama que la necesitaba urgentemente. Y es que el género atraviesa momentos difíciles: D’Angelo falleció el año pasado con solo tres discos publicados, Angie Stone murió también en el 2025 en un accidente de tráfico tras un concierto, Lauryn Hill no consigue publicar disco nuevo desde 2002 y Erykah Badu desde 2010. Si el estilo parecía abocado a la extinción, Scott demuestra que es posible darle continuidad.
El álbum toma su título de una fórmula epistolar formal (A quien este competa), casi burocrática, que contrasta con la calidez de lo que contiene. Con ello parece querer decir que en esta ocasión ha optado por la sobriedad en el envoltorio, para dejar que la música hable sola. Y vaya si habla. El disco es un ejercicio de amplitud de miras que abarca el retro soul de los setenta, el funk, el house, el hip hop y el jazz, todo ello cohesionado sin aparente esfuerzo.
Temas como “Pay U on tuesday”, con su cadencia de musical clásico, o “Be great”, donde el trombonista Trombone Shorty aporta un color inconfundiblemente Nueva Orleans, marcan dos de los extremos que delimitan el conjunto. Las colaboraciones raperas resultan especialmente afortunadas: “Norf side”, junto a Tierra Whack, y “Ode to Nikki” con Ab-Soul funcionan como dos de los momentos más vibrantes, mientras que DJ Premier también deja su huella inconfundible.
El disco tiene, además, una dimensión política que resulta inseparable del contexto en que aparece. Enraizado en los sonidos del movimiento Black Power, contrasta con fuerza con el clima en Estados Unidos hoy en día. Scott canta sobre historia afroamericana, diversidad, violencia, deseo y empoderamiento con la misma necesidad con la que respira. Pero no solo canta: juega con la palabra hablada, se desnuda en partes casi recitadas y se permite, de vez en cuando, rapear con solvencia, dejando claro que su voz es bastante más que un instrumento.
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Anterior crítica de disco: Haf, de Carwyn Ellis & Rio 18.

