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El desbarajuste global reporta urgencia a unos U2 rehabilitados

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«La diversidad de enfoques es equivalente a lo amplio de su lúgubre temática, mirando con lógico cabreo a lo que está ocurriendo en Estados Unidos, Israel, Irán y Ucrania»

 

Carlos Pérez de Ziriza se sumerge en el nuevo trabajo de U2, un epé de seis temas llamado Days of ash y con el que parece que vuelven a ser ellos frente a los conflictos del mundo.

 

Texto: CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA.
Foto: ANTON CORBIJN (2025).

 

¿Cuándo dejaron U2 de transmitir cierta urgencia y pegada? ¿Cuándo empezaron a aburrirnos soberanamente? Diría que desde “Vertigo” (2004), su último single con algo de colmillo. Hay quienes piensan que fue mucho antes. Y lo cierto es que ya han transcurrido veintidós años. Mucha tela. Como si la ausencia de planificación les hubiera conferido una frescura a la que ya no estaban acostumbrados —hacía décadas que no publicaban un epé, menos aún compuesto de canciones inspiradas en sucesos recientes, que no formarán parte de su anunciado álbum para este 2006—, Days of ash (2026) muestra signos de recuperación de constantes vitales, sin que podamos hablar de un manojo de cortes a la altura de lo mejor de su trayecto, ni mucho menos, tampoco vayamos a venirnos tan arriba. ¿Es lo mejor que podíamos aguardar de ellos a estas alturas? Creo que sí.

Especialmente cuando abren con la iracunda “American obituary”, sostenida sobre un gran riff marca de la casa de The Edge, al hilo del asesinato de Renee Goode en Minneapolis, que nos regala una cadencia un poco funk a partir de la mitad de su minutaje (que remite a “Misterious ways”) y rematan con cierto aliento soul. Para mí, la mejor de las seis.

La diversidad de enfoques es equivalente a lo amplio de su lúgubre temática, mirando con lógico cabreo a lo que está ocurriendo en Estados Unidos, Israel, Irán y Ucrania. Les honra ampliar el encuadre a conflictos que parecen víctimas de un eco mediático demasiado amortiguado en los últimos meses, como los que inflaman Irán y Ucrania, pese al riesgo inherente de apretar poco fino por querer abarcar mucho (bueno, qué puñetas, son U2: eso nunca les importó). Un poco más formulista es “The tears of things”, bonito medio tiempo en torno al eterno conflicto israelí-palestino, ya devenido en cruel genocidio.

Tristemente, casi todas las canciones aluden a personas que fueron arbitrariamente asesinadas. Ocurre con “Song of the future”, que sacuden a ritmo de funk para poner en primer plano las historias de Jina Mahsa Amini y Sarina Esmailzadeh, ambas asesinadas en Irán. “Wildpeace” no es más que un spoken word a cargo de la artista nigeriana Adeola Fayehun, de un texto traducido al inglés del poeta israelí Yehuda Amijai, con producción del californiano Jacknife Lee.

El post punk arrastrado de “One life at a time” brinda su memoria al activista palestino Awdah Hathaleen, a quien un colono israelí dio muerte el año pasado. Sin ser la bomba, ninguna de estas cuatro canciones está mal. Hasta que llega “Yours eternally”, sin duda, la peor de las seis, un pegote neo AOR a la altura de los últimos bodrios de Coldplay o del propio Ed Sheeran, que es quien comparte con ellos créditos, junto al ucraniano Taras Topolia, en un canto a la lucha del pueblo ucraniano por no verse pisoteado a manos de las tropas de Putin.