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La grandeza de los Manic Street Preachers ante el gran enigma del rock

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EL RITMO DE LA SEMANA

«Cuando el atormentado Richey se esfumó para no volver jamás, sus compañeros, a pesar de la tragedia y de la incomprensión, decidieron seguir contando con él como siempre»

 

Sobre el malogrado Richey James Edwards y la calidad humana demostrada por el resto de los Manic Street Preachers, ahonda Sara Morales en su columna El ritmo de la semana.

 

Una sección de SARA MORALES.
Foto: Extraída de la portada de Forever delayed: Manic Street Preachers.

 

Siempre en febrero, a pesar de que este tan acuático y gris ya termina, me acuerdo de Richey James Edwards, el guitarrista y el corazón de Manic Street Preachers. Su historia continúa siendo una de las más sobrecogedoras del rock, su desaparición —el día 1 de este mes, pero hace más de treinta años— todo un enigma, y lo que hizo el resto de la banda cuando aquello ocurrió, uno de los capítulos más bonitos de la historia de la música.

Uno de esos gestos que denotan la calidad humana de determinadas personas, incluidas las estrellas, y que pone en valor la esperanza en el individuo, su generosidad y su conciencia. Porque cuando aquello ocurrió, cuando el atormentado Richey se esfumó para no volver jamás en aquel Londres de 1995 a los 27 años, justo cuando iban a comenzar la gira por Estados Unidos con su tercer álbum, sus compañeros, a pesar de la tragedia y de la incomprensión, decidieron seguir contando con él como siempre.

Abrieron en el banco una cuenta corriente a su nombre y, a partir de ese momento, fueron depositando en ella el 25% de los derechos de autor que le correspondía por cada paso que daban con la obra de los Manic. Como si siguiera con ellos, por justicia, por amistad, por caridad, por agradecimiento, por si regresaba y podían continuar como si nada hubiera pasado…

Lo que pasó fueron los años. Y durante más de una década así lo hicieron religiosamente, hasta que, en 2008, fue declarado oficialmente muerto por las autoridades a pesar de que el cuerpo no apareciera jamás. Sus royalties vigentes, más lo guardado por la banda para él durante aquel tiempo, pasó a manos de su familia en forma de herencia y, así, hasta el mismo día de hoy. Como, también hasta hoy, se han mantenido en forma de trío huérfano y jamás ha rondado en sus cabezas la idea de sustituirle.

Su marcha continúa siendo una incógnita. Y las especulaciones sobre un posible suicidio o una huida en busca de anonimato todavía sopesan lo ocurrido. Pero lo que sí son certezas es, por un lado, la grandiosidad demostrada por James Dean Bradfield, Nicky Wire y Sean Moore, y, por otro, que las canciones que Richey dejó escritas forman parte de la piedra angular en la historia de los años noventa, en la historia de la banda y en la de muchos de nosotros.

– Anterior entrega de “El ritmo de la semana”: Historia reciente de Iggy Pop y Damon Albarn.