DISCOS
«Este tercer disco de Los Vinagres es sandunguero, afín a la fiesta, descarado y potente»

Los Vinagres
Amores de verbena
WARNER, 2026
Texto: CÉSAR PRIETO.
Muchas de las noches más felices de mi vida las he pasado en una verbena. La combinación de noche, luces —casi siempre de colores—, olores y barra de bar es lo más efectivo del mundo para sentirse en un paraíso, fuera del espacio y del tiempo. Quien haya experimentado estas sensaciones seguro que disfruta de ellas con el disco de Los Vinagres. Es sandunguero, afín a la fiesta, descarado y potente.
Es el tercer elepé de estudio del grupo de La Palma, y potencia las esencias rockeras y latinas que en los dos anteriores apuntaban. No latinos a muerte, sino para vestir unas canciones que, en un escenario de verano, sobre un palco de tablas, harían las delicias de quien piense que la música, a veces, es diversión pura, sin más condicionantes.
“Sabrosura” es la palabra clave y la primera canción. Tiene esencia de verbena, de música para noches de verano, que rozan la salida del sol, de la invitación al baile de esas noches. La locura de las madrugadas en que todo es latino, sin freno, en los campos de fiesta. Una verbena que ya está presente en la letra de “Amores de verbena”, que no es más que pop sin complejos a la manera de los setenta, centrado en la melodía y los arreglos precisos. Solo guitarras y una percusión que clava esta historia de amores buscados, de la cual hay un divertido cortometraje promocional.
Todas estas facetas se desarrollan en el resto de canciones. “Que me des tu cariño” conserva ese deje latino. Es increíble cómo con tan pocos instrumentos, la canción puede hacerse tan insistente. La melodía ayuda, también es verdad. Y la letra, aunque juega con todos los tópicos del amor: la amada es mar, y es estrella, con toda la fuerza del baile. Así es también “Si quieres”, con noches de flechazos, que solo se puede escuchar a la luz de la luna y con perfume de flores en el ambiente.
De los años setenta —y sus coros con «la, la, las»— es “Tuyo”. El ritmo se atenúa en ella para reflejar un verano de romance, con una cadencia que tampoco rechaza lo latino. No olvidemos que en las verbenas se dispara con merengue. Una historia de amor —y costumbrista— es “Volando alto”. ¿Quién no sale de casa con el móvil y auriculares a toda pastilla y la felicidad le invade? No deja de atisbarse, eso sí, cierto punto irónico.
Con la plantilla de los setenta también está construida “Todo va a salir bien”. Podría estar en el repertorio de Los Diablos, con sus arreglos de vientos, como una de esas canciones para bailar y beber y volver a bailar, como proclama la siguiente, “Solo quiero bailar”, extrañamente psicodélica en sus fondos instrumentales, hindú, con la esencia de los Beatles muy patente, impregnándolo todo.
Es, al fin y al cabo, pop por la cara, como en “Mentira”, que reside en el barrio de la alegría, con todo, aires latinos y de los sesenta, desbordante de arreglos que nos llevan a ferias y autos de choque. También es así “Ganas de verte”, una explosión de fantasía en tres minutos, con estribillo arrebatador, cercano a Los Coyotes.
Es sabido que Canarias, solo superada por Galicia, cuenta con las mejores orquestas de fiesta mayor. Que se lo digan a Nueva Línea. Y en esta categoría han entrado por derecho propio Los Vinagres y se reafirman con este tercer álbum que habla de luchar por los sueños, por seguir con la vida a muerte, por la felicidad… Y lo consiguen, porque esta felicidad se transmite a quien escuche estas canciones.
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Anterior crítica de disco: Pubertad letal, de Astracán.

