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Casa de hojas, de Mark Z. Danielewski

LIBROS

«El lector no saldrá de esta novela de la misma manera que entró. Pase lo que pase, no la va a olvidar»

 

Mark Z. Danielewski
Casa de hojas
DUOMO EDICIONES, 2025

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

El 7 de marzo de 2000, desde las prensas de la editorial neoyorkina Pantheon Books, se puso en librerías House of leaves, la primera novela de Mark Z. Danielewski, también neoyorquino, que había estudiado literatura inglesa y en ese momento contaba con treinta y cinco años. De inmediato, se convirtió en una novela de culto. A finales de 2013, se publicó la traducción al español, gestionada en colaboración entre las editoriales Pálido Fuego y Alha Decay. Ahora llega una nueva edición, muy cuidada, de la mano de Duomo Ediciones.

Si miramos a las cuestiones formales se trata de una novela diferente, pocas páginas se imprimen a la manera tradicional, algunas solo tienen unas pocas líneas de texto —intentando crear sensaciones claustrofóbicas, el miedo a la página en blanco—, en otras el texto está en diagonal, o encajado en cuadros de texto que se solapan. Las notas a pie de página abundan, y muchas remiten a libros, películas o artículos que no existen.

De la misma manera, existen múltiples narradores, que van interconectándose entre sí. La base fundamental es una película sobre los hechos extraños que ocurren en una casa que, desde la introducción —la propia ficción—, se nos avisa de que no se ha encontrado ninguna copia. El libro es un análisis sobre esa película, El informe Navidson. En el juego de narradores, casi de myse en abime, Johnny Truant, empleado de un salón de tatuajes en Los Ángeles, busca un nuevo apartamento y su amigo Lude le habla de uno que ha quedado vacío porque su anciano propietario, Zampanò, ha fallecido.

Allí descubren el manuscrito del libro, y se abren las puertas en que los diversos narradores —siempre no fiables— se solapan, en que hay transcripciones de la película, entrevistas a diversas personas cercanas a ella o notas de los editores. Poco a poco, estos narradores van cayendo en la demencia, en la paranoia o en el abandono personal.

En el informe, un fotoperiodista, Will Navidson, se muda con su esposa y sus dos hijos a esa casa, llamada Ash Tree Lane, en el sudeste de Virginia. Will se da cuenta de una particularidad de la casa: es más grande por dentro que por fuera. No solo eso, de golpe, aparece una habitación que no debería de estar ahí y en la que, al abrir la puerta se observa un pasillo absorbido por la negrura, que en principio no tiene demasiada longitud, pero de pronto parece vivo, crece, se dobla en recodos y se abre como un laberinto; así que Will llama a su hermano Tom, a amigos y a una patrulla de exploradores para organizar una serie de exploraciones.

El pasillo ya es kilométrico, y en las exploraciones se abren enormes salas, escaleras de caracol que parecen no tener fin y un monstruo que parece alentar, pero que nunca aparece. Lo que sí es cierto es que la casa parece tener un poder maligno y poco a poco va destruyendo a los miembros de la expedición. Es Karen, la esposa de Will, quien se encarga de la edición de la película, tras la vuelta de su marido en la última expedición, vivo, pero con abundantes daños físicos, para vivir de nuevo en la placidez que la casa les había robado.

Es esta historia de amor la que prevalece sobre el terror, que más que terror es angustia, puesto que en ningún momento se juega con el sobresalto, y el pánico aparece atenuado, nunca de manera intensa. Seguramente es la novela más difícil a la que se va a enfrentar el lector, llena de recovecos y desafíos, con una marcada tendencia a lo cultureta que la hace bascular entre las continuas referencias intelectuales y la broma; pero, al fin y al cabo, el lector no saldrá de ella de la misma manera que entró. Pase lo que pase, no la va a olvidar.

Anterior crítica de libros: Darkness on the edge of town. Springsteen en el corazón de la tormenta, de Julio Valdeón.