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Ha fallecido Remigi Palmero, emblema e impulsor del rock mediterráneo

Foto: Daniel Sala.

 

Remigi Palmero, figura capital del rock valenciano, ha muerto a los 76 años. Un creador único al que recuerda Juan Puchades en este homenaje.

Texto: JUAN PUCHADES.

 

Remigi Palmero, figura capital del rock valenciano, ha muerto a los 76 años, en Alginet (Valencia). Su nombre quedará unido para siempre al denominado rock mediterráneo, que, desde finales de los años setenta, sirvió para etiquetar su música, la de Pep Laguarda y la de Julio Bustamante. Este último, además de su amigo, fue compañero de aventuras musicales conjuntas desde el inicio de las carreras solistas de ambos, con los discos Humitat relativa (de Palmero) y Cambrers (de Bustamante), dos obras imprescindibles e imperecederas.

Nacido en Alginet en 1950, tras pasar por algunos grupos juveniles, Remigi Palmero se integró en 1969 como guitarrista en Els 5 Xics, legendaria formación valenciana que venía funcionando desde 1965, contaba con varios singles y era conocida por su intensidad en directo, siempre con sección de vientos. Con ellos, Palmero también se hacía cargo de la voz solista en algunos temas y aportó algunas canciones propias (que no se grabarían hasta el único elepé que dejó el grupo, reunido excepcionalmente para ello en 1983), abandonando la formación hacia 1976.

En el verano de 1977, en Altea, conoció a Julio Bustamante, y ambos comenzaron a poner en común ideas musicales y canciones, que terminarían de desarrollar en Valencia y en los escenarios, plasmándolas en los iniciales discos de ambos, unidos por el mismo espíritu musical, interpretados en valenciano y con la implicación de los dos. El primero en salir fue el de Remigi Palmero, Humitat relativa (1979), una obra insoslayable que se adentraba en una suerte de luminoso folk rock con inequívoco color valenciano en el que se filtraban ecos del jazz, del pop y del rock progresivo. El segundo, Cambrers, el de Bustamante (por entonces firmaba así), tan sólido musicalmente como el de Remigi e imbricado en las mismas claves sonoras pero más orientado al pop, no vería la luz hasta 1981. Para entonces, era habitual que actuaran juntos, acompañados por el batería Tico Balanzá (hermano de Julio Bustamante).

Pero Humitat relativa y Cambrers pasaron muy desapercibidos fuera de Valencia (solo algunos críticos como Diego A. Manrique y Jesús Ordovás les prestaron atención y apoyo), donde quedaron (como ya le había sucedido a Pep Laguarda) en tierra de nadie: lo de cantar rock en valenciano era una rareza no muy apreciada, y los seguidores de la música interpretada en esa lengua se escoraban hacia la canción de autor y el folk autóctono y no veían nada claro que sus canciones eludieran la reivindicación social y nacionalista, tan en boga en aquellos años. Además, tanto Remigi Palmero como Julio Bustamante, también contaban en directo con repertorio en castellano, pues eran abiertamente bilingües, lo que definiría sus trayectorias para siempre. Del mismo modo que aquellos dos discos serían la alargada sombra que les perseguiría al ser reivindicados años después, y poco a poco, como obras de culto con las que comparar sus obras posteriores.

Tras años de actuar como Palmero y Bustamante, siempre junto a Tico Balanzá, hacia 1982 decidieron usar un nombre común, In Fraganti, y unir fuerzas discográficas, aunque bajo ese nombre solo dejaron dos singles (“No tengo nada” / “Plata y negro”, de 1983, y “Si fueras tú” / “Hotel Universo”, en 1984) que no llegaron a capturar el poderío de sus inolvidables e intensos directos en formación de trío. En In Fraganti unían repertorios previos junto a nuevas canciones y, como de costumbre, lo hacían tanto en castellano como en valenciano. Pero In Fraganti fue apagándose y tanto Palmero como Bustamante siguieron con sus propios proyectos, aunque siempre mantuvieron la amistad y a lo largo de los años fueron habituales las colaboraciones entre ambos, tanto en los discos solistas como, cada tanto, en directo.

Remigi Palmero, que también pintaba y fue internándose en el estudio del yoga, disciplina de la que sería profesor, no volvió a lanzar un nuevo disco hasta 1987, Provisions, en el que se mostraba más eléctrico que en el estreno de 1979, pero en el que dejaba patente de nuevo su dominio de la melodía sinuosa y su interés por facturar textos personales e imaginativos, dejando ocho fascinantes canciones en las que lograba un sonido completamente original que no podía ocultar su procedencia. Con él, el rock mediterráneo seguía en plena forma. Ese mismo año, colaboró con el grupo Bongos Atómicos en una canción del álbum colectivo Un poc de rock. En 1988 llegaría la colaboración con Terminal Sur, poniendo música a un par de canciones de su disco Viajero.

En 1988, lanzaría su tercer elepé, Afuera adentro, esta vez grabado en castellano, y que seguía la tónica del anterior, derrochando gusto y calidad en una colección, otra vez, irreprochable. Pero ni el cambio de idioma ni el grabar en el potente sello barcelonés PDI lograron que su música trascendiera del ámbito local y del apoyo de los cómplices periodísticos habituales. Su siguiente trabajo, en 1992, fue también el más desconocido, Emparín, que solo se lanzó en cinta de casete prácticamente como material para la enseñanza en valencia. Una deliciosa grabación semioculta que es prácticamente una maqueta interpretada a guitarra acústica y voz.

Línia de foc, de 1992, servía para presentar algunos temas nuevos pero, sobre todo, para recuperar otros de obras anteriores con el sonido que Remigi consideró que no se había logrado previamente. Era, de alguna manera, un punto de inflexión, y quienes acudimos a la presentación en directo del disco en la valenciana Sala 4 tuvimos la sensación de que asistíamos al relanzamiento de un Remigi Palmero con ganas de intentarlo de nuevo, de abrir un nuevo capítulo. Sin embargo, ironías del destino, aquello fue un punto y aparte.

Un extenso punto y aparte, pues aparte de algunas colaboraciones (en discos de Julio Bustamante y un tema solista incluido en Cántame mis canciones, el álbum de homenaje a Jackson Browne de 1998) y algunos conciertos cada tanto (con frecuencia en Cataluña, donde, con el paso del tiempo, se le había ido reivindicando; prácticamente más que en Valencia), Remigi Palmero no volvió con canciones nuevas hasta 2009, diecisiete años después del disco anterior, cuando lanzó Sense comentaris, su sexto y último disco, una obra singular, interpretada solo a voz y guitarra eléctrica (nada de acústica), y él, enorme guitarrista, asumía que el resultado musical no iba a ser sencillo para el oyente. Pero, extremadamente libre, siempre hizo lo que creyó oportuno, sin importarle ir a contracorriente. E incluso se rebeló ante la reedición (en vinilo y, por fin, en cedé) de 2018 del para entonces inencontrable Humitat relativa, un disco con el que guardaba cierta distancia y cuya condición de obra de culto a veces parecía que le incomodaba. Prefería pensar en el presente aunque, tras un tiempo de actividad en directo tras el lanzamiento de Sense comentaris, permanecía prácticamente semirretirado, a pesar de que confesaba que seguía grabando sin parar en su casa.

Con su fallecimiento perdemos a uno de los músicos fundamentales no ya del rock valenciano, sino del rock español. Uno de esos creadores cuya grandeza nunca habrá que medirla por la cantidad de discos vendidos o por su popularidad, y tampoco por únicamente su primer disco, sino por la calidad de una obra solidísima (que hay que reivindicar en toda su integridad) y por los nuevos caminos que iluminó, aunque pocos vieran la luz. O fueran capaces de seguirla.