LIBROS
«Textos heterodoxos y memorables que reflejan la auténtica vida, lejos de grandilocuencias, la gente, la calle… Gonzalo Suárez es uno de nuestros mejores clásicos en el periodismo»

Gonzalo Suárez
La suela de mis zapatos. Pasos y andanzas de Martín Girard
RAMDOM HOUSE, 2025
Texto: CÉSAR PRIETO.
De Gonzalo Suárez es conocida su faceta como director cinematográfico, con soberbios resultados. Algo menos su labor de novelista, también excepcional, pero sin tanta proyección pública. Sin embargo, era totalmente desconocido su trabajo en los años sesenta como periodista —el Martín Girard del subtítulo era el seudónimo que se había agenciado— y, una vez leído, concluimos que también en este ámbito sus textos eran magníficos.
Pongamos un poco de contexto. Suárez se había exiliado en París, pero, en 1958, ha de instalarse en Barcelona y se dedica a observar la ciudad y a hablar de lo que se cocía en ella. También realiza frecuentes viajes a Milán, donde el segundo marido de su madre, Helenio Herrera, excelso entrenador, dirige al Inter de Milán, quizá el mejor equipo europeo de la época. Ello le lleva a trabajar en periódicos deportivos, donde realiza reportajes sobre fútbol y boxeo. Pero qué reportajes.
Antes que llegara el Nuevo Periodismo de Tom Wolfe y Guy Talese, que significa simplemente que el periodista baja a la calle y busca lo que pasa, Suárez ya ejercía con textos de un estilo irónico, sorprendente, que mira siempre donde los demás no perciben nada. Él mismo lo dice, se pregunta por qué escribe sobre los pequeños detalles cuando existen graves problemas colectivos.
Hay varios artículos deportivos, pues, pero salpicados de anécdotas y de recorridos urbanos. Primera: el Inter ha fichado a un jugador de Cabo Verde, ero necesita que sea oriundo (que tenga antecedentes italianos), así que ya tenemos a Suárez buscando por las calles de Barcelona algún italiano que se preste por una módica cantidad a confirmar que es su padre. De esta época, también es la entrevista al dictador cubano al que expulso Fidel Castro —Fulgencio Batista—, que de aquellas se pegaba la gran vida en España.
Son crónicas marcadas por la improvisación y, a veces, es más importante la calle que el entrevistado; ello hace que se acerque a Canaletas, que es la zona de las Ramblas donde se reúnen los aficionados culés. También hay calle en la entrevista a un jugador del Español, Indio se llamaba, en la que se pasa medio artículo buscando su domicilio. Y no se puede decir que la nómina de sus contactos sea escasa, por ahí andan Di Stefano, Kubala —y las juergas que se montaba— o Pelé.
Más interesantes son sus contactos con las gentes de la cultura. La crónica sobre Buñuel es impresionante por su frescura y novedad, en un momento en que el estilo saturado del franquismo era regla general. También lo son las de Fernando Fernán Gómez, Paco Rabal o Buero Vallejo. Al llegar el turno de Cela, uno se sorprende por su intuición: «Quiere ser académico y Premio Nobel cuanto antes». ¡En 1963! Pero no es menor su perspicacia al hablar, ese mismo año, de que seremos víctimas de las llamadas comerciales al teléfono.
Hay también reportajes en que nuestro cronista se adentra en la noche barcelonesa y cuenta lo que pasa. La guinda es la recreación de su reportaje más difícil. Joaquín Soler Serrano, le propone viajar por todo el norte de España, hasta La Coruña, sin una peseta en el bolsillo.
Hubo una época, mucho antes de que sucediera de verdad, en que fuimos posmodernos, en que un periodista mezcló la crónica, la entrevista, la semblanza como le vino en gana en textos heterodoxos y memorables que reflejan la auténtica vida, lejos de grandilocuencias, la gente, la calle. Desde este momento, Gonzalo Suárez es uno de nuestros mejores clásicos en el periodismo.
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Anterior crítica de libros: Antivirus y otros relatos de plagas y paranoias, de José Ángel Barrueco.

