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La estrecha relación de Stephen King con la música

«Cuentan que Stephen King invitó a cenar a los Ramones a su casa y que Dee Dee compuso “Pet sematary” en su sótano»

 

El autor más universal de la literatura de terror ha mostrado de muchas maneras su compromiso con la música. Formó parte de un grupo de versiones, algunos grupos y artistas suelen aparecen en sus libros y, durante décadas, se hizo cargo de una emisora de radio musical. Sobre todo ello, indaga Manolo Tarancón.

 

Texto: MANOLO TARANCÓN.
Fotos: STEPHANIE LAWTON – Wikipedia. (Foto de Stephen King).

 

No abundan los escritores que utilicen a conciencia la música como revulsivo en su obra. O que dedique su escaso tiempo libre a tocar y cantar en un grupo amateur de versiones. Los Rock Bottom Remainders nacieron en 1992 de la mano de Kathi Kamen Goldmark, también escritora, además de promotora editorial, columnista, compositora, productora musical y de radio. La banda se disuelve, con la muerte de esta en 2012 y de ella forma parte muy activa Stephen King. Dave Barry y el dibujante y productor audiovisual Matt Groening, uno de los artífices de la mítica serie Los Simpsons, son otros de los nombres de su formación. La recaudación de sus conciertos siempre se destinó a fines benéficos. De vez en cuando todavía se reúnen, sin ir más lejos en el Miami Book Fair de Miami, en 2024.

King introduce la música en sus libros de forma sutil. Quien quiera leer una novela de ficción sobre la evolución y funcionamiento de un grupo de música medianamente veraz, puede acudir a Utopia avenue, de David Mitchell, reseñado en Efe Eme por César Prieto Álvarez. Los ejemplos más sonados de la incursión sonora en sus tramas aluden a los Ramones en Cementerio viviente —de ellos es la mítica canción “Pet sematary” que aparece en los créditos de la película primigenia— y de ellos King dijo que «son la banda que salvó el rock and roll». Cuentan que los invitó a cenar en su casa y que Dee Dee Ramone escribió la canción en su sótano. Otro ejemplo es el recurrente recuerdo y tarareo del tema “John Wesley Harding”, de Bob Dylan, por parte del protagonista de La mitad oscura. Y hay muchos más, pero mejor descubrirlo leyéndole.

Se le ha tildado como autor de bestsellers, lo que automáticamente tiende a alejar a un autor del lector culto. No es más que una etiqueta: nos encontramos ante uno de los mejores novelistas y cuentistas —tanto de terror, como de otros géneros, ojo—de la historia. Que nadie crea que el horror en sus obras es de manual. El gore, la pornografía explícita, el incesto, los malos tratos y un sinfín de atrocidades humanas descritas explícitamente aparecen en sus páginas, lo que lo aleja de forma instantánea de los escritores de masas; aunque él lo sea, pero por el único motivo de que es un genio. No es culpa suya que venda libros como rosquillas. Sobre el grupo fundado en 1992 al que aludíamos, bueno, no es que King sea muy diestro con la guitarra y su voz, aunque tampoco lo pretende: en más de una ocasión se ha referido a su faceta de músico ocasional solo para pasarlo bien haciendo algo que le apasiona.

Suele escribir con música a todo trapo, y no elige precisamente a Mozart o a Chopin. Metallica, AC/DC o grupos del estilo son los elegidos mientras trabaja. Uno de los momentos de mayor disfrute cuando un lector empieza uno de sus libros son sus propias introducciones, donde suele hablar de su vida y costumbres. En una de ellas explica el proceso de adquisición de una emisora de radio local ubicada en Maine, junto a su mujer Tabitha, con el fin de potenciar la música más allá de la literatura —él vive en Bangor, ciudad ubicada en el mismo Estado—y, aunque el negocio siempre dio pérdidas, lo mantuvo en el aire hasta el 31 de diciembre de 2024, cuando lo vendió a un tercero que aún mantiene el espíritu.

Tenemos la opción de escuchar buen rock norteamericano en la aplicación gratuita WKIT-FM, que puedes bajar fácilmente para tu smarthphone. Inicialmente, King la bautiza como WZON, otro guiño a otro de sus libros, en este caso La zona muerta, de 1979.  Así se despedía el escritor de su emisora en un comunicado: «Mientras la radio de todo el país ha sido superada por gigantescos grupos de radiodifusión corporativa, me ha encantado ser un propietario local e independiente todos estos años. Me han encantado las personas que han acudido a estas emisoras cada día para entretener a la gente, mantener los equipos en funcionamiento y ofrecer a los anunciantes locales una forma de conectar con sus clientes. Tabby y yo estamos orgullosos de haber formado parte de eso durante más de cuatro décadas». Un buen tipo, sin duda. Y comprometido.

Casi todos sus libros se han llevado al cine. Solo alguien como él es capaz de escribir una historia extensa que no aburra al lector sobre un coche poseído, Christine. La obra escrita ve la luz en 1983, John Carpenter la lleva a la pantalla y en su banda sonora destaca un tema increíble que se queda incrustado en el cerebro. Me refiero a “Bad to the bone”, de George Throgood and The Destroyer (ojo con el increíble solo de slide guitar contestando al riff principal del tema).  Además de una buena película, nos brinda la oportunidad de ver a Harry Dean Stanton, uno de los mejores actores que ha dado el cine mundial, en un papel importante —solía relegarse a secundarios— en el personaje de detective de la policía estatal.

Decía unas líneas más arriba que King no solo es autor de grandes obras de terror —Carrie, El misterio de Salem’s Lot, It, Misery o El resplandor, entre muchas otras—. También dio vida a La milla verde o la que conocemos mejor como Cadena perpetua por su película, bajo el título literario en español Esperanza, primavera eterna, originalmente Rita Hayworth and Shawshank Redemption, una novela corta incluida en Las cuatro estaciones, donde también destaca El cuerpo.

Corred a ver la película Stand by me (1986), dirigida por Rob Reiner, porque no os decepcionará. También alude en su temática al empoderamiento de la mujer y al feminismo. Es el caso de Dolores Claibourne, que, además, roza lo experimental al tratarse de un monólogo desde la primera hasta la última línea, de una mujer que ha salido adelante a pesar de las penurias y de haber sufrido a un marido maltratador. Hablamos de King, y es imposible que elementos como el asesinato y la recreación de escenas violentas no se eludan. El libro supone un gran ejemplo de sus diferentes variantes literarias.

Termino con mi libro favorito, 22/11/63 —también el de su autor—, en el que, a través de un portal del tiempo que le transporta al pasado, el protagonista tratará de deshacer una de las efemérides que posiblemente cambió el mundo: el asesinato de Kennedy. Además de una recreación increíble de los años sesenta, la obra está plagada de buena música y referencias a canciones del principio de la década y de los cincuenta, un ejemplo más de un escritor comprometido hasta la médula con la música.

Disfrutemos de él porque sigue en activo y en muy buena forma creativa. Y la pregunta del millón: ¿Para cuándo el Nobel para un autor tan prolífico, especial y de un talento incuestionable? Porque la otra pregunta se responde por sí sola: sí, King y la música son dos elementos indivisibles.