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Un extraño estado de ánimo, de Pálida Tez

DISCOS

«Un disco lleno de coraje y delicadeza, de ensueño y cuchillos»

 

Pálida Tez
Un extraño estado de ánimo
EL GENIO EQUIVOCADO, 2025

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Vienen, como tanto buen pop de nuestro país, de Albacete y tienen entre 17 y 25 años. Juventud descarnada, que no les impide echar la vista al pasado y rescatar parte de los noventa, aquellos que se llamaron noise, a la par que el pop sencillo y eficiente que se hacía por aquellos años en Donostia. Se desvela esto en “Dibujo animado”, con guitarras saturadas y a piñón, en el que el protagonismo lo toma un personaje de cómic para hablar de la creación y de la relación entre autor y obra.

También la letra se convierte en personaje, en este caso de película, en “Wong Kar-Wai”, el director de Shanghái que apasiona al grupo, con una perfecta duplicación de las escenas que se imaginan. Hay, en ella, un trabajo excepcional en las melodías, que también se da en la acústica “Magia negra”. Como en “Vudú”, la antigua canción de Undershakers, los poderes ocultos se usan para hacer daño a la rival amorosa, para hacer su vida aburrida, la muerte en vida perfecta.

Volvemos a canciones acústicas. “Último partido”, que es íntima, con las experiencias que poco a poco se convierten en nostalgia, con sensaciones que se tienen a los veinte años, firmes en su indefinición, con unos arreglos que poco a poco se van abriendo.

“Lo que hay” ya es directamente el cauce de La Buena Vida, o de esos grupos olvidados que surgieron cuando se abría el nuevo milenio. Mirafiori, Corazón o Moving Pictures están presentes en la canción, bellísima, haciendo brillar un resquicio del pop español que lamentablemente no tuvo continuidad.

También cercana a los grupos de Donostia es “Ser adulta es un disfraz”, donde adoptan una narrativa costumbrista y social. Es el inicio en algo que se esperaba desde hace tiempo, una vida laboral y sus deseos se han cumplido. Pero el trabajo se sincroniza con la habitación de la adolescente que ya no es —¿o sí?—, porque ser adulta, como dice el título, es un disfraz.

Irónicos, sí, pero también románticos, a la manera del siglo XIX. En “Varoufakis” su escueta letra despliega una historia de amor que enfoca el futuro, un futuro que apunta como el que Enrique de Ofterdingen desvelaba a su amada Matilde en la novela de Novalis —«somos eternos porque nos amamos»—, que para ellos es «tenemos la eternidad». La distorsión crece en las guitarras y la voz cruza el tiempo para unir el pop con todo el chorro de la música popular. Guitarras que también destacan en “Mejor al revés”, adictiva, de espíritu nuevaolero en estado puro.

El cierre, con “La dispersión”, vuelve a lo íntimo, a lo recogido, con apenas una acústica y algunos teclados evanescentes que derivan hacia un final casi country. Es el mejor cierre para un disco lleno de coraje y delicadeza, de ensueño y cuchillos. Es una generación que se da de bruces con paredes invisibles, pero como tantos otros grupos de su edad, saben convertir este destino en belleza.

Anterior crítica de disco: Lamomali je t’aime, de Lamomali ( -M-, Fatoumata, Diawara, Toumani Diabaté).