DISCOS
«El disco va tejiendo una mezcla orquestal e íntima de jazz, bossa nova, soul y tropicália, con un cierto deje psicodélico mayor que en sus dos discos anteriores»

Sessa
Pequena vertigem de amor
MEXICAN SUMMER, 2025
Texto: XAVIER VALIÑO.
En estos tiempos turbulentos conforta que Brasil siga produciendo músicos que hacen música atemporal y de sangre caliente, como Tim Bernardes, Rogê, Nyron Higor o Sessa. Este último, de nombre real Sergio Sayeg, creció en la aislada comunidad judía sefardí de São Paulo, iniciando su educación musical en la sinagoga. Más tarde se unió a la banda Garotas Suecas, antes de mudarse a Nueva York, para trabajar con el rockero israelí Yonatan Gat. Como dependiente en la tienda de discos Tropicália in Furs del East Village, empezó a empaparse de la herencia musical de su país.
Grandeza (2019) fue su debut, calificado en su momento como «un acto de desnudez que lleva las profundidades de una imaginación refrescantemente excéntrica». Estrela acesa (2022) incidía en ese sonido de melancólica cosmología tropical, que bebe tanto de la tropicália o la bossa nova como de la Música Popular Brasileña. Ambos discurrían lánguidamente, con una cadencia perfecta para que pudiese ir dejando caer sus reflexiones sobre el amor, ya fuese este de cariz erótico, sensual o más espiritual.
Sessa ha sido padre y eso cambia la vida: un nuevo ser propicia otros sentimientos, lo que ocurre alrededor se ve de otra manera y es habitual que quien asume este nuevo rol acabe reflexionando sobre el significado del universo. Por eso, en esta tercera entrega las narrativas personales se funden con meditaciones sobre la vida, las transformaciones y la paternidad. Es la perspectiva de un hombre consciente de que la música es inseparable de la vida misma.
Compuesto por nueve temas, el disco va tejiendo una mezcla orquestal e íntima de jazz, bossa nova, soul y tropicália, con un cierto deje psicodélico mayor que en sus dos discos anteriores, pero sin apartarse de esa calma y calidez analógica que le dan a sus trabajos una elegancia atemporal. Si aquellos dos álbumes se centraban en la guitarra y la voz de Sessa, este se muestra algo más versátil y experimental, con influencias del jazz más ferviente (“Nome de Deus”), del rock cósmico (“Dodói”) y canciones intemporales (“Vale a pena”), puede que sus tres mejores canciones.
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Anterior crítica de disco: From Newman Street, de Kassi Valazza.

