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Diez años sin David Bowie

EL RITMO DE LA SEMANA

«Fue todos en uno y encarnó la universalidad humana y metafísica, la mundana y la divina, la corpórea y la sensorial. Transitó por mundos que hasta que él les puso luz ni siquiera existían y habitó este con el carisma y la belleza de una estrella»

 

Desde su columna de los lunes, El ritmo de la semana, Sara Morales recuerda a David Bowie en esta semana en la que se cumplen diez años de su muerte y en la que, desde Efe Eme, vamos a homenajear su figura, su leyenda y su legado con una serie de artículos especiales.

 

Una sección de SARA MORALES.

Foto: Fotograma de “Blackstar”.

 

Recuerdo aquella mañana del 10 de enero como si fuera ayer. Era temprano, nuestro lado del globo acababa de despertar y el día comenzó azotándonos con la noticia que jamás esperamos asumir tan repentina e inesperada, tan cruda y desoladora. Tan fría, tan de invierno. Tan pronto.

Tan pronto, porque tenía 69 años; los acaba de cumplir. Tan pronto, porque siempre nos pareció que no se iría jamás. Tan pronto, porque, para entonces, acabábamos de entender que Blackstar, publicado tan solo dos días antes, era una despedida de honor encriptada de la que éramos ajenos y desconocedores.

Comprendimos en ese momento que era su réquiem, su manera de decirnos adiós entregándonos su obra final, poniéndola en nuestras manos, con su Major Tom yaciendo sobre la superficie de la luna advirtiendo la quietud eterna, con la venda en los ojos encaminándose a lo irreversible. Entonces supimos que el “tan pronto” no lo era tanto; resultó que era exactamente lo que tenía que ser, nos estaba hablando de su muerte artística, de su muerte real… Y se reveló ante nosotros su alegoría. Aunque impresionara, aunque doliera, aunque no quisiéramos, la entendimos; pero ya era tarde.

Hasta eso dejó preparado el artista de artistas. El que fue todos en uno y encarnó la universalidad humana y metafísica, la mundana y la divina, la corpórea y la sensorial. El que transitó por mundos que hasta que él les puso luz ni siquiera existían y habitó este con el carisma y la belleza de una estrella, de una estrella negra. Fugaz y rompedora, decisiva e imperecedera.

Solo David Bowie ha conseguido aglutinar todas las artes en una sola: su alma, su leyenda. Y solo él ha confraternizado todos los géneros, estilos, gustos, tradiciones y vanguardias en un lugar común que nos pone de acuerdo a todos: su importancia, valor y atemporalidad como artista, encarnando un renglón de oro en la historia de la música de todos los tiempos.

Atrevido, subversivo, imponente, sugerente, valiente, generoso, inabarcable, oculto, infinito… Con su marcha nos dejó una sensación de orfandad respecto a alguien que no conoces —pero sabes que quieres—, que muchos experimentamos por primera vez. Y ahora que han pasado los años, diez exactamente, vemos que seguimos padeciendo su ausencia, se le sigue echando de menos… ¿Qué pensaría él de esto o de lo otro? ¿Cómo habría interpretado todo lo que ha ocurrido desde que se fue?… Así será ya siempre.

Por eso, con motivo de esta semana tan simbólica que arranca hoy, en la que vamos a celebrar su nacimiento y su muerte, en Efe Eme queremos rendirle tributo de un modo especial con una serie de artículos que iremos publicando en su recuerdo y el de su legado a lo largo de estos días. Una estela misteriosa que sigue asomando por cualquier lugar, en cualquier momento. Solo hay que mirar a nuestro alrededor para verla; ahí está, flotando en el aire y habitando en el recuerdo.

Anterior entrega de “El ritmo de la semana”: Adiós a 2025. De David Lynch al “six/seven”, pasando por Supertramp, Sirat y el fenómeno K-Pop.