DISCOS
«Bien podría conquistar a una audiencia global con su mezcla de pop y soul de calidad apta para todos los oídos»

Brooke Combe
Dancing at the edge of the world
MODERN SKY UK, 2025
Texto: XAVIER VALIÑO.
El caso de Brooke Combe recuerda, hasta ahora, al de Amy Winehouse. Hay en ella una estrella en potencia, con antecedentes similares: las dos vivieron la música desde pequeñas, en el caso de Combe a través de sus abuelos, originarios de Sierra Leona, quienes le inculcaron el amor por el soul clásico, en especial los discos de la Motown. Ambas crecieron escuchando música negra, con Winehouse más centrada en el jazz y Combe en el soul, aunque con vasos comunicantes entre ellas. Las dos fueron contratadas en un primer momento por el sello Island con el convencimiento de que podían llegar a ser unas estrellas globales.
Sin embargo, ha habido alguna diferencia reseñable en el trayecto: Combe editó en 2023 un primer mini-álbum, Black is the new gold (Lo negro es el nuevo oro), que era una mix-tape. Sintiendo excesivo el peso de las esperanzas puestas en ella por la multinacional que la fichó, decidió dar un paso atrás, romper el contrato y pasar a un sello más pequeño desde el que controlar su carrera y progresar.
Probablemente no llegue a lo que consiguió Winehouse, pero el primer álbum bien podría conquistar a una audiencia global con su mezcla de pop y soul de calidad apta para todos los oídos. La canción que lo abre, “This town”, marca el tono con un trepidante y optimista ritmo de northern soul bailable, algo que se repite en “The last time”. Por su parte, en el tema que da título al disco, Combe logra algo distinto gracias a un arreglo de cuerdas casi etéreo a cargo de Sean O’Hagan, de The High Llamas, que proyecta una sensación de tensión respaldada por una base funk maravillosamente trabajada por las habilidades de producción de James Kelly, de The Coral.
Hay también espacio para momentos más sombríos en el debut, a sus 23 años, de esta escocesa de una población cercana a Edimburgo, como “Butterfly”, donde Combe luce su voz sobre una guitarra rasposa y una percusión contenida. Por su parte, “Lanewood pines” se acerca a la Costa Oeste norteamericana, con su sonido radiante y sus conseguidas armonías, mientras que “Shaken by the wind” pone los ritmos Motown y “L.M.T.F.A.” (acrónimo de “Let me the fuck alone”) la emparenta, más claramente, con las primeras canciones de Winehouse.
Sus diez cortes, con una duración que ronda los treinta minutos, fueron grabados en directo en el estudio, lo que confirma que Brooke busca la calidez de un grupo de músicos tocando a la vez, que prefiere las técnicas de grabación de épocas atrás y que sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Ha abierto, definitivamente, las puertas de par en par a un futuro que se presenta muy brillante.
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Anterior crítica de disco: Double life, de Night Moves.

