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Las 100 mejores bandas sonoras, de Fernando Fernández

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LIBROS

«El lector va a disfrutar y se acercará alguna plataforma para escuchar aquello de lo que le están hablando. Y se maravillará»

 

Fernando Fernández
Las 100 mejores bandas sonoras
EFE EME, 2025

 

Texto: CÉSAR PRIETO.

 

Uno, en su sana inocencia, consideraba que las bandas sonoras de las películas eran un mero acompañamiento para llenar ese vacío entre diálogos; pero el libro de Fernando Fernández me ha sacado de mi error para demostrarme que no solo tienen entidad por sí mismas —más allá de los fragmentos que son memoria colectiva y que podemos tararear—, sino que es una entidad de altos vuelos.

Colaborador de programas de radio y de revistas, promotor de premios a compositores, este Las 100 mejores bandas sonoras es el primer libro de Fernando Fernández, y en él concentra toda la sapiencia que ha ido adquiriendo a lo largo de los años en sus aficiones y actividades, que es mucha.

El libro hace un repaso a ese centenar de películas que anuncia el título, comenzando por el King Kong de 1933 y acabando en el año 2010, para no incluir películas recientes que no han pasado la criba del tiempo, por muy maravillosas que nos parezcan ahora. Y va recorriendo poco a poco, todo el espectro. Pasa por Robin Hood, la única que aparece en dos versiones, y las primeras que han llegado realmente a la cultura popular: Lo que el viento se llevó, con el “Tema de Tara”, y Casablanca. Y la mucho más popular de El Padrino, que incluso llegó al número uno de las listas.

Cada lector tendrá sus bandas sonoras preferidas. Yo he leído con interés la de Psicosis, la de Desayuno con diamantes o la de La Pantera Rosa. Por supuesto, todo lo de Morricone y lo de la década de los setenta, una edad de oro desde que apareció John Williams y la banda sonora de Tiburón. Detrás de ella vinieron Rocky, La guerra de las galaxias —de nuevo John Williams— o Superman, que suponen un regreso a sonidos de orquesta clásica.

Hay más, algunas curiosas. La única compuesta por John Barry, el primer marido de Jane Birkin, obviando todos sus trabajos para las películas de James Bond, Fuego en el cuerpo, o algunas españolas como El caballero del dragón, con música de Pepe Nieto tras abandonar sus inmensas producciones de música pop.

En todas ellas podemos observar que no hay comedia musical ni bandas sonoras compuestas por canciones ya existentes. Únicamente partituras hechas expresamente, cada una con sus contextos y circunstancias, que el autor desarrolla con amplitud, con detalles y con anécdotas, hiladas desde una especial sabiduría y una sensibilidad muy marcada.

Por supuesto, el lector, igual que tiene sus preferidas, también nota las ausencias. Las mías, algo de blaxploitation, Encuentros en la tercera fase o Amarcord. Lo que es seguro es que ese lector va a disfrutar y se acercará a alguna plataforma para escuchar aquello de lo que le están hablando. Y se maravillará, aunque no entienda la terminología de lenguaje musical y solfeo que el autor maneja, preciso y erudito, sin que sea cargante.

A partir de ahora, en cada película que vea, habrá canales abiertos para que la música penetre, y me acompañe, y me emocione, porque ya me ha emocionado en el libro sin haber imágenes. Gracias, Fernando.

Anterior crítica de libros: Ningún amor está vivo en el recuerdo, de Lara Moreno.